Gary Biszantz, un apasionado del turf y del caballo argentino y sudamericano
- Turf Diario

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Quien fuera dueño de Lord Grillo, Venusberg y Brunilda, entre otros, falleció a los 91 años en los Estados Unidos

LEXINGTON, Kentucky (Especial para Turf Diario).- El turf internacional, y el argentino, recibió esta semana la triste noticia del fallecimiento de Gary Biszantz, una figura cuya estampa dejó una huella indeleble en la hípica de las últimas décadas. Fundador del emblemático Cobra Farm y 4 veces presidente de la Thoroughbred Owners and Breeders Association (TOBA), el dirigente y propietario mujrió el sábado último a los 91 años, dejando tras de sí un legado de optimismo inquebrantable y un vínculo afectivo y profesional muy estrecho con la crianza del cono sur.
Biszantz, un californiano de cepa que transformó el concesionario de autos de su padre en un imperio antes de revolucionar la industria del golf con la creación de Cobra Golf -firma que vendería en 1996 por la impactante cifra de 756 millones de dólares-, encontró en los caballos de carrera su verdadera pasión. Fue en la década del 90 cuando estableció su base de operaciones en esta ciudad, y desde allí proyectó sus colores hacia los escenarios más exigentes del mundo, incluyendo una relación sumamente fructífera con la Argentina, de la mano de un gran amigo como John Fulton.
Para el aficionado local, el nombre de Gary Biszantz y su Cobra Farm están íntimamente ligados a nombres que hicieron vibrar las tribunas de San Isidro y Palermo. Quizás el punto más alto de esa conexión fue Lord Grillo (Engrillado), aquel pingo que cruzó el Ecuador para llevar la bandera argentina a lo más alto en el Malibu Stakes (G1) de 1997, donde tuvo el atrevimiento de derrotar nada menos que a Silver Charm (Silver Buck), el mismísimo ganador del Kentucky Derby (G1) y del Preakness Stakes (G1).
Pero su romance con el turf celeste y blanco no terminó allí. Biszantz fue un comprador asiduo y un entusiasta de la genética argentina. Bajo sus sedas brilló Venusberg (Southern Halo), que supo ganar las Estrellas en el césped de San Isidro, demostrando la vigencia de su ojo para los grandes eventos. También pasaron por sus manos y lucieron sus colores ejemplares de la talla de Brunilda (Mutakddim), ganadora del Eatontown Handicap (G3) en los Estados Unidos; Guapazo (Luhuk), Solarana (Mutakddim) y la chilena Perssonet (Hussonet). En nuestras pistas, sus colores también fueron defendidos por yeguas de gran clase como La Grimaldi (Southern Halo) y La Promenade (Southern Halo), entre otras.
A nivel doméstico en el Norte, su campaña fue igualmente estelar. Old Trieste, aquel formidable hijo de A.P. Indy de físico imponente, fue quizás su caballo más querido, llevándolo a competir en el Kentucky Derby de 1998 y ganando luego 4 pruebas de grado consecutivas en California. También crió a Cobra King (Farma Way) y vibró con Sinister Minister (Old Trieste), que bajo la tutela de Owens saltó a la fama ganando el Blue Grass Stakes (G1) en Keeneland.
Sin embargo, el impacto más profundo de Biszantz en la hípica moderna se dio de forma casi silenciosa a través de la cría. Fue en los potreros de Cobra Farm donde se gestó la historia de Star of Goshen, una hija del crack argentino Lord At War (General) ganadora del La Troienne Stakes (G2) para sus colores, que luego produciría a Pioneerof the Nile (Empire Maker). Este último, padrillo estrella, terminaría dándole al mundo a American Pharoah, el caballo que rompió la sequía de 37 años sin un triplecoronado. "Nadie lo sabe, porque no hicimos la cría final, pero nosotros pusimos a Pioneerof the Nile en la panza de la madre antes de venderla", recordaba con orgullo Owens.
Miembro del Jockey Club estadounidense, Gary pasó sus últimos 10 años viviendo en su campo, disfrutando del paisaje de los potrillos desde su porche. Su filosofía de vida se resumía en una frase que solía repetir: "Puede que no tenga razón, pero nunca estoy confundido". Esa determinación, sumada a una caballerosidad de otra época y una visión global que lo trajo repetidamente a buscar talento a la Argentina, lo convierten en una pérdida sensible para la industria, más allá de que el hombre ya tenía sus años.
Se fue un optimista eterno, un hombre que veía en cada nacimiento un potencial ganador del Derby y que, en el camino, forjó una alianza inolvidable con el turf sudamericano.





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