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Invasor, 20 años de una hazaña que puso al turf rioplatense en la cima del mundo

Foto del escritor: Turf Diario
Turf Diario
hace 5 minutos
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El 4 de noviembre de 2006, el hijo de Candy Stripes derrotó al formidable Bernardini en el Breeders’ Cup Classic de Churchill Downs. Criado en nuestro país y consagrado en Uruguay, alcanzó una gloria que todavía emociona. Fernando Jara y Kiaran McLaughlin fueron protagonistas de una tarde irrepetible



El próximo 4 de noviembre se cumplirán 20 años de una de las tardes más gloriosas que haya vivido el turf argentino y rioplatense. Fue en Churchill Downs, Kentucky, donde Invasor escribió una página inolvidable al conquistar el Breeders’ Cup Classic (G1), derrotando al formidable Bernardini (A.P. Indy), el gran favorito, y dejando tercero a Premium Tap (Pleasant Tap). Una victoria que trascendió las fronteras y confirmó, ante los ojos del mundo, la extraordinaria calidad de la crianza sudamericana.

Aquella tarde del 4 de noviembre de 2006, el zaino criado por el Haras Clausan -hoy Santa Inés- llegó a la carrera más importante de la serie con una campaña prácticamente perfecta, pero sin recibir el reconocimiento que merecía. Todas las miradas estaban puestas sobre Bernardini, el crack de Darley que venía de ganar el Preakness Stakes (G1), el Travers (G1) y la Jockey Club Gold Cup (G1), construyendo una reputación formidable. También estaba Lava Man (Slew City Slew), otra de las grandes figuras de aquella temporada.

Invasor cotizaba 7-1, lejos del favoritismo, pese a que había ganado sus tres actuaciones anteriores en los Estados Unidos: el Pimlico Special, el Suburban Handicap y el Whitney Handicap, todos de G1. Su única derrota había sido un cuarto puesto en el UAE Derby (G2) de Dubai.

La carrera fue una demostración de categoría y también de inteligencia. Desde el partidor 11, el joven panameño Fernando Jara, de apenas 18 años, consiguió acomodar a Invasor cerca de los palos en el primer codo, evitando recorrer metros de más. Brother Derek (Benchmark) marcó el ritmo, mientras Bernardini avanzaba con una facilidad que parecía anunciar otra conquista.

Al ingresar en la recta, el favorito dominó la escena, pero Invasor apareció con una fuerza arrolladora. Jara lo lanzó en busca del puntero, lo alcanzó y terminó superándolo por un cuerpo, con Premium Tap en el tercer lugar. Los 2000 metros quedaron atrás en 2m2s18/100 y el premio de 5 millones de dólares encontró un dueño inesperado para buena parte de la prensa estadounidense.

“Bernardini es un gran caballo, pero hoy hubo uno mejor”, reconoció después Kiaran McLaughlin, el entrenador de Invasor, durante la conferencia de prensa. Y agregó, con una mezcla de satisfacción e ironía: “Espero que algún día miremos hacia atrás y nos preguntemos cómo hice para que perdiera en Dubai”.

McLaughlin también destacó la conducción de Jara: “Fue una monta excepcional desde el puesto 11. No tiene miedo, nunca se pone nervioso y monta muy bien con esos colores”.

El jinete, que ese mismo año había ganado el Belmont Stakes (G1) con Jazil (Seeking the Gold), explicó su estrategia: “Intenté evitar problemas y ahorrar terreno en el primer codo. Cuando hice mi movimiento, busqué tener el camino libre”. Y sobre el momento decisivo recordó: “Bernardini parecía fuerte. Le pedí todo a mi caballo y respondió bien”.

Detrás de aquella victoria había una historia profundamente rioplatense. Hijo de Candy Stripes y Quendom, por Interprete, Invasor había nacido en la Argentina, pero encontró su primera gloria en Maroñas, defendiendo los colores del Stud 3 de Enero. Allí, bajo la preparación de Aníbal San Martín, ganó sus cinco carreras y conquistó la Triple Corona uruguaya de 2005.

Después llegó la adquisición por parte del Sheikh Hamdan bin Rashid Al Maktoum, su paso por Dubai y la explosión definitiva en los Estados Unidos, donde nunca conoció la derrota.

El Classic tampoco fue el final de su extraordinaria historia. En 2007 ganó el Donn Handicap (G1) y luego alcanzó otra cima monumental en Nad Al Sheba, conquistando la Dubai World Cup (G1), nuevamente por delante de Premium Tap. Se retiró invicto en los Estados Unidos y con 11 triunfos en 12 actuaciones, casi 8 millones de dólares en premios y el título de Caballo del Año 2006 en el norte.

Hoy, lejos del ruido de las tribunas, Invasor disfruta de su descanso en el Haras Cuatro Piedras, en Uruguay, donde regresó en 2015 y desarrolló durante años su actividad como reproductor. Allí permanece una leyenda viviente, un caballo que pertenece tanto a la historia argentina como a la uruguaya.

El turf argentino ya había conocido la gloria en las Breeders’ Cup con Bayakoa (Consultant's Bid), vencedora del Distaff (G1) en 1989 y 1990, y con Paseana (Ahmad), heroína de esa misma prueba en 1992. Después llegarían otras alegrías, pero el triunfo de Invasor tuvo una dimensión particular: fue el primer caballo sudamericano capaz de ganar el Classic, la carrera que todos quieren conquistar.

Este año, con la serie nuevamente en Kentucky, aunque en Keeneland, Full Serrano (Full Mast) llevará otra vez la bandera argentina a los partidores, buscando repetir su éxito de 2024 en el Dirt Mile (G1). Una coincidencia que invita a mirar hacia atrás y recordar aquella conquista gigantesca.

Porque 20 años después, la imagen de Invasor dejando atrás a Bernardini sigue teniendo una fuerza conmovedora. No fue solamente una victoria deportiva. Fue la confirmación de que los caballos nacidos y formados en esta parte del mundo podían mirar de frente a los mejores del planeta y derrotarlos en el escenario más exigente.

Una hazaña que el tiempo no ha hecho más pequeña. Al contrario, cada aniversario parece volverla todavía más grande.

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