La fiesta del Latinoamericano vuelve a atrapar a la afición
- Turf Diario
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Sobre el césped de Monterrico, este domingo se vivirá la 42da. edición de la prueba continental; The Gladiator's Hat y Thor Medina, las cartas argentinas; Global Media Turf transmite la jornada completa en vivo por su canal de YouTube

El Gran Premio Latinoamericano (G1) desembarca por séptima vez en su historia en el Hipódromo de Monterrico. Pero esta vez, todo será distinto: por primera vez en ese escenario, la prueba se disputará sobre pista de césped y no en la tradicional arena.
El detalle no es menor. Muy por el contrario, resulta determinante. El cambio de superficie devolvió a la hípica peruana un Latinoamericano competitivo, de alto nivel, lejos de aquellas versiones desdibujadas en las que los locales monopolizaban el resultado sin oposición real de los visitantes. El salto de calidad del lote responde, en gran medida, a la decisión -arriesgada, pero visionaria- de las autoridades, clave para que la Organización Sudamericana de Fomento del SPC (OSAF) volviera a confiar en Monterrico como sede. La recompensa es evidente: un grupo compacto y exigente, con aspirantes de peso de toda la región.
Habrá 300.000 dólares en premios, una de las bolsas más atractivas del continente, con el respaldo de firmas como Jockey Plaza y CyGames. Pero cuando se abran los partidores, el dinero quedará en segundo plano -no después, claro-. Allí comenzará otra historia: la de las ilusiones galopando hacia la gloria, la de ese instante irrepetible que significa cruzar el disco en primer lugar.
El marco promete estar a la altura, con las tribunas del Coloso de Surco colmadas. Y aunque los locales se ilusionan con mantener el invicto en casa, el césped plantea un escenario mucho más equilibrado. La pista es más chica, con recta corta y curvas exigentes, lo que obligará a todos a redefinir estrategias. Será, sin dudas, un Latino distinto a casi todos los anteriores.
A diferencia de lo que suele ocurrir -y salvo las dos ediciones disputadas en Hipódromo de La Plata-, aquí no habrá rectas largas que permitan esperar con paciencia. La carrera comenzará a resolverse desde la mitad de la curva, y sólo una atropellada fuera de lo común podría cambiar el destino en los metros finales.
En ese contexto, el nombre que más seduce es el de Khamal. Nacido en Chile pero representante del turf peruano, el potrillo fue el mejor tres años de 2025 tras imponerse en el Derby Nacional (G1) y en el Ricardo Ortiz de Zevallos (G2). Viene de escoltar, en gran forma a Puppi's Husband (Fortify) en el Baldomero Aspillaga (G3), la antesala de este desafío.
Aun sin estar en plenitud y con un desarrollo que no lo favoreció, la derrota fue mínima para el hijo de Mendelssohn, que ahora buscará revancha frente al argentino, uno de los tres representantes del Stud Jet Set, colores que ya saben lo que es ganar el Latino en esta pista.
Sin embargo, dentro de esa escuadra, la carta principal parece ser el tordillo Padre Roberto (Hurricane Cat), también con sangre argentina, y que viene de un regreso impactante tras más de un año fuera de las pistas por lesión. La yegua Boudica (The Lieutenant) completa el tridente.
Chile llega con argumentos de sobra: los ganadores de G1 Teao (Ya Primo) y Apolo Rey (Mendelssohn), más el experimentado Medjool (Constitution), escolta del crack Obataye (Courtier) en la última edición disputada en Hipódromo da Gávea.
Argentina, por su parte, deposita sus fichas en The Gladiator's Hat (Hat Ninja) y Thor Medina (Mootasadir), dos nombres de jerarquía, aunque siempre con el interrogante que implica competir fuera del país. Brasil, el máximo ganador histórico del Latinoamericano, confía en Pivot Central (Salto), que supo dominar a Obataye en la clasificatoria, y en Olympic Oman (Camelot Kitten), que se ganó su lugar en la pista. Finalmente, Uruguay deposita sus ilusiones en Galikovic (Goldikovic), un potrillo de gran proyección y con argumentos suficientes como para soñar en grande.
Todo está dado. Un escenario diferente, condiciones únicas y un lote de altísimo nivel. El Latinoamericano 2026 promete ser, en Monterrico, mucho más que una carrera: una verdadera batalla por la gloria.

