Los magníficos 7 de Frankie Dettori: treinta años de una tarde que sigue emocionando

El 28 de septiembre de 1996, el italiano ganó las siete carreras de Ascot y construyó una de las mayores hazañas del turf; del primer festejo con Wall Street al inolvidable desenlace con Fujiyama Crest, el recuerdo de un día en que todo fue posible

Por Diego H. Mitagstein
ASCOT, Inglaterra (Especial para Turf Diario).- Treinta años después, todavía cuesta creerlo. Basta volver a las imágenes, acompañar el esfuerzo de Fujiyama Crest (Roi Danzig) en aquellos metros finales, ver cómo se acerca Northern Fleet (Afleet), para sentir otra vez que la historia puede escaparse. El resultado se conoce de memoria. Sin embargo, allí está el corazón, apurándose como si aquel disco todavía quedara por cruzar.
El 28 de septiembre de 1996, Frankie Dettori ganó las siete carreras del programa de Ascot. Todas. Desde la primera hasta la última, sin dejar un solo turno para los demás. En uno de los escenarios más exigentes del mundo, durante una reunión que incluía un G1, un G2 y un G3, el italiano completó una obra que tres décadas después conserva intacta su dimensión. Los Magnificent Seven. Los magníficos 7. Una tarde entera convertida en patrimonio sentimental del turf.
Dettori ya era un jockey consagrado. Tenía el talento, las grandes montas y esa manera tan suya de vivir las carreras, con una alegría contagiosa que encontraba respuesta del otro lado de la empalizada. Pero aquel sábado su nombre llegó mucho más lejos. Hubo gente que nunca había abierto un programa y terminó hablando de Frankie; aficionados que todavía recuerdan dónde estaban; apostadores para quienes ese día cambió bastante más que el saldo de una cuenta.
Todo comenzó con Wall Street (Mr. Prospector), a 2/1, en los 2400 metros del Cumberland Lodge Stakes (G3). Una victoria importante, aunque todavía dentro de lo que podía esperarse de una figura de su categoría. El primer regreso al recinto de los vencedores no permitía adivinar los seis que vendrían después.
Con Diffident (Nureyev), en el Diadem Stakes (G2), apareció la primera señal de que algo especial estaba sucediendo. Pagaba 12/1 y sus antecedentes recientes ofrecían pocos motivos para el entusiasmo. Ganó, de todos modos. Había que aprovechar la oportunidad, resolver una carrera apretada, poner al caballo en el lugar justo. Dettori lo hizo.
El tercer capítulo tenía el peso de las grandes ocasiones. El Queen Elizabeth II Stakes (G1) reunía a Mark Of Esteem (Darshaan) con Bosra Sham (Woodman), la formidable potranca de Henry Cecil, conducida por Pat Eddery. Era el choque que justificaba por sí solo la visita a Ascot, una de esas carreras que se esperan mucho antes de que los caballos lleguen a las gateras.
Y también fue de Frankie. Mark Of Esteem, a 100/30, respondió a su exigencia para vencer por 1 1/4 cuerpo. El jockey de Godolphin ya tenía un triplete, con la prueba más importante de la jornada incluida. Había motivos de sobra para volver a casa satisfecho. Todavía faltaba lo mejor.
Decorated Hero (Warning) elevó la cuenta a cuatro en el Tote Festival Handicap. Lo suyo exigía superar un lote de 26 participantes llevando el peso máximo. Ganó por 3 1/2 cuerpos, a 7/1, y aquella sucesión comenzó a tomar otra forma. Cada nueva victoria hacía mirar la siguiente monta de Dettori con una mezcla creciente de ilusión y asombro.
Después llegó Fatefully (Private Account), a 7/4, en el Rosemary Stakes. El margen fue estrecho y del otro lado quedó Abeyr (Unfuwain), con Ray Cochrane, amigo y rival del italiano. El quinto festejo acercaba una posibilidad que al comienzo de la tarde nadie habría tomado demasiado en serio.
Lochangel (Right Shift), a 5/4, ganó el Blue Seal Stakes y dejó a Ascot frente a lo extraordinario: seis carreras disputadas, seis victorias del mismo jockey. Quedaba una. Una sola.
El encargado de completar la obra era Fujiyama Crest, en el Gordon Carter Handicap. Cargaba 63,5 kilos y llegaba lejos de ofrecer garantías. Sus apuestas, sin embargo, contaban otra historia: de los 12/1 de la mañana había bajado hasta salir favorito a 2/1. Sobre su montura viajaban Dettori, miles de boletos y una expectativa que ya desbordaba cualquier análisis de campaña.
Frankie lo llevó adelante. Había que administrar las fuerzas, sostener el ritmo y guardar algo para cuando llegaran los desafíos. Porque la historia, por mucho que pareciera escrita, todavía debía ganarse.
En la recta, Northern Fleet y Pat Eddery fueron por ellos. Fujiyama Crest resistía; el perseguidor insistía. El desenlace de una tarde entera quedó comprimido en ese duelo, en el esfuerzo de dos caballos y en la determinación de dos jinetes que siguieron compitiendo hasta el último instante.
Un pescuezo. Esa fue la distancia entre una jornada excepcional y una hazaña inmortal. Fujiyama Crest cruzó adelante y Ascot estalló. Frankie había ganado las siete.
La acumulada de las cuotas de salida alcanzó aproximadamente 25.095 a 1. Las pérdidas de las casas de apuestas fueron estimadas en decenas de millones de libras, mientras algunos aficionados cobraban sumas capaces de cambiarles la vida. El turf, tan acostumbrado a exigir paciencia y a deshacer certezas, había regalado una de sus historias más felices.
Como habrá sido la hazaña de importante que la BBC interrumpió su cobertura habitual de Grandstand para retransmitir la acción en directo desde Ascot.
Pero hay un detalle posterior que vuelve todavía más entrañable aquel recuerdo. Con el tiempo, después de continuar su campaña y pasar por otros destinos, Fujiyama Crest terminó en casa de Dettori, comprado por el hombre al que había llevado hasta la gloria. Allí vivió retirado, como parte de la familia.
El último compañero de la hazaña quedó cerca. Lejos de las tribunas, de las apuestas y de la exigencia, hubo para él una vida de cuidados. Quizás sea esa la imagen más sensible que dejó la historia: el campeón podía volver a encontrarse cada día con el caballo que había sostenido aquel pescuezo decisivo.
Treinta años después, los magníficos 7 mantienen su lugar único en la historia británica. Igualar semejante barrida, en una reunión de esa categoría, sigue pareciendo una empresa descomunal. El propio Frankie, aun después de tantos clásicos y grandes premios, continúa considerando aquella tarde su mayor logro deportivo.
Para quienes aman las carreras, el aniversario invita a volver a esos nombres: Wall Street, Diffident, Mark Of Esteem, Decorated Hero, Fatefully, Lochangel y Fujiyama Crest. A pronunciarlos en orden, como quien recuerda una formación inolvidable. Cada uno puso su parte. Cada uno ganó la carrera que hacía falta.
Y después, a mirar otra vez el final. A acompañar a Fujiyama Crest. A sentir que Northern Fleet se acerca demasiado.
Aunque hayan pasado treinta años. Aunque sepamos que Frankie va a ganar.





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