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Murió Arthur Hancock III, un gigante que dejó su huella en la historia del turf

Foto del escritor: Turf Diario
Turf Diario
hace 11 horas
4 min de lectura

El fundador de Stone Farm tenía 83 años y pertenecía a una de las familias fundamentales de la cría estadounidense; ganó el Kentucky Derby con Gato Del Sol, crió a Risen Star y estuvo detrás de Sunday Silence, caballo que después transformaría para siempre la industria japonesa



PARIS, Kentucky (Especial para Turf Diario).- Hay hombres que ganan grandes carreras, otros que crían campeones y algunos que ayudan a cambiar el rumbo de una industria. Arthur Hancock III consiguió hacer las tres cosas. Una de las figuras fundamentales de la cría estadounidense de las últimas décadas murió el viernes último en su casa cercana a Paris, Kentucky, a los 83 años, dejando detrás una historia difícil de medir solamente en estadísticas.

Porque Hancock fue mucho más que el apellido ilustre que llevaba. Nieto de Arthur B. Hancock, fundador de Claiborne Farm, e hijo de Arthur B. “Bull” Hancock Jr., que convirtió aquella cabaña en una de las grandes referencias mundiales del siglo XX, parecía destinado a continuar naturalmente aquel camino. Pero la muerte de su padre cambió los planes: la conducción de Claiborne quedó en manos de su hermano Seth y Arthur tuvo que construir su propio destino.

Arrendó inicialmente unas 100 acres y creó Stone Farm. Con el tiempo, aquella decisión se convertiría en una de las historias más extraordinarias de la cría de Kentucky. Stone Farm terminó extendiéndose sobre unas 2300 acres en Bourbon County y produjo cerca de 180 ganadores clásicos, incluidos más de 75 vencedores de pruebas graduadas.


El Derby que había soñado su padre

El primer gran golpe llegó con Gato Del Sol (Cougar) Hancock lo crió y corrió en sociedad con Leone J. Peters y, en 1982, el alazán vino desde el último puesto bajo la conducción de Eddie Delahoussaye para ganar el Kentucky Derby (G1).

Fue mucho más que una victoria. Hancock recordaría muchos años después que entrar en aquel winner’s circle había sido casi una experiencia fuera de su cuerpo. Su padre había perseguido durante toda su vida la ilusión de ganar el Derby sin conseguirlo. Arthur fue quien finalmente llevó a la familia hasta las rosas.

Pero todavía faltaba mucho. Junto con Peters también crió a Risen Star (Secretariat), ganador en 1988 del Preakness Stakes (G1) y del Belmont Stakes (G1), además de Campeón 3 Años Macho de aquella temporada.

Y después llegó el caballo que terminaría llevando el nombre de Hancock mucho más allá de Kentucky.


Sunday Silence lo cambió todo

Sunday Silence fue criado en Stone Farm y Hancock integró H-G-W Partners, la sociedad que lo llevó a las pistas.

En 1989 ganó el Kentucky Derby y el Preakness, quedó segundo de Easy Goer (Alydar) en el Belmont cuando buscaba la Triple Corona y volvió a encontrarse con aquel rival en una inolvidable Breeders’ Cup Classic (G1), donde se tomó revancha para cerrar la temporada como Caballo del Año.

Pero la influencia de Sunday Silence recién estaba comenzando. Hancock terminó vendiéndolo al japonés Zenya Yoshida, que ya poseía el 25 por ciento del caballo. Instalado como padrillo en Japón, Sunday Silence se convirtió en una de las piezas fundamentales para transformar aquella industria y encabezó 13 veces la estadística de padrillos de ese país.

Pocas decisiones tomadas por un criador estadounidense terminaron teniendo semejante impacto internacional.

La lista de grandes caballos vinculados con Hancock fue mucho más extensa.

Fue co-criador de Fusaichi Pegasus (Mr. Prospector), ganador del Kentucky Derby de 2000; crió y vendió a Bricks and Mortar (Giant's Causeway), Caballo del Año en 2019; y participó en las campañas de la ganadora del Kentucky Oaks (G1) Goodbye Halo (Halo) y de Menifee (Harlan), vencedor del Blue Grass Stakes (G1) y del Haskell Invitational (G1).

Desde Stone Farm también surgieron caballos de enorme impacto internacional como Hawaiian Sound (Hawaii), Rainbow View (Dynaformer) y Air Force Blue (War Front). Y allí sirvió Halo (Hail to Reason), dos veces líder entre los padrillos estadounidenses y, precisamente, padre de Sunday Silence.

Hancock también ocupó lugares importantes en la conducción de la actividad.Integró la Kentucky Horse Racing Commission, fue director de Keeneland Association y Fasig-Tipton y miembro de The Jockey Club. Durante años sostuvo además una posición activa en defensa de la integridad del deporte.

En 2020 fue elegido Honor Guest por el Thoroughbred Club of America, siguiendo los pasos de su abuelo, su padre y su hermano Seth.

Y en 2025 llegó uno de los reconocimientos mayores: su ingreso al Racing Hall of Fame como Pillar of the Turf.

Al recibir aquella distinción volvió sobre una enseñanza que le había dejado su padre: trabajar duro, ser honesto y recordar que cada persona tiene una sola reputación y, una vez perdida, no vuelve. Para Hancock, eran palabras que el turf tampoco debía olvidar.

Su vida, sin embargo, nunca quedó encerrada entre potreros y pistas.Había sido campeón de la Southeastern Conference en las 100 yardas libres mientras estudiaba en Vanderbilt University, escribió libros y canciones y varias de sus composiciones fueron grabadas por figuras del country como Ray Price y Willie Nelson. Incluso estaba previsto que fuera incorporado póstumamente al Kentucky Music Hall of Fame.

Su hijo Arthur encontró quizás la definición más sencilla para semejante personaje: “Era un hombre del Renacimiento”.

Aunque inmediatamente agregó algo que probablemente explicaba mejor quién había sido su padre: antes que cualquier otra cosa, era un granjero. Amaba profundamente la tierra y siguió trabajando sobre ella hasta los 80 años.

Hancock deja a su esposa Staci y seis hijos. En los últimos años, su hija Lynn había asumido buena parte de la conducción cotidiana de Stone Farm, siempre con su padre cerca como consejero.

Arthur Hancock III había nacido con uno de los apellidos más pesados de la historia del turf estadounidense. Pero no vivió de él.

Cuando el camino de Claiborne siguió por otro lado, construyó el suyo. Fundó Stone Farm, ganó el Kentucky Derby que su padre había soñado, crió campeones y encontró en Sunday Silence un caballo capaz de cambiar la historia a miles de kilómetros de Kentucky. Al final, terminó agregando su propio capítulo a una dinastía extraordinaria.

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