Murió Makybe Diva, la reina eterna de la Melbourne Cup
- Turf Diario

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A los 27 años, y tras batallar con un cólico, la campeona ingresó en el Olimpo del Turf gracias a una campaña inolvidable

Australia despide a una leyenda irrepetible. Makybe Diva, triple heroína de la Melbourne Cup (G1), murió a los 27 años tras una breve batalla contra un cólico, dejando un vacío inmenso en la historia del turf mundial.
Hija de Desert King y nacida para la resistencia, Makybe Diva es -y seguirá siendo- la única en conquistar 3 veces consecutivas la carrera conocida como “The Race That Stops the Nation”, imponiéndose en 2003, 2004 y 2005 en Flemington. Una hazaña que trasciende el turf y se inscribe entre los logros deportivos más emblemáticos de aquél país.
Miembro del Australian Racing Hall of Fame desde 2006 y elevada a la categoría de leyenda en 2010, su figura desbordó el hipódromo. Fue ícono cultural, símbolo de coraje y constancia, y referencia obligada cuando se habla de grandeza.
Propiedad de Tony Santic, comenzó su campaña bajo la preparación de David Hall, con el que obtuvo su primera Melbourne Cup en 2003. Luego pasó al cuidado de Lee Freedman y encontró en el jinete Glenn Boss -miembro del Salón de la Fama- al socio perfecto para sus otras dos coronas.
En total consiguió siete triunfos de G1, incluyendo el Cox Plate, la Australian Cup, el BMW Stakes y la Sydney Cup, consolidándose además como Caballo del Año en Australia en dos temporadas consecutivas (2005 y 2006).
El presidente del Victoria Racing Club, Neil Wilson, sintetizó el sentimiento general: “Makybe Diva fue más que una campeona: trascendió el deporte. Sus tres Melbourne Cups consecutivas permanecerán como uno de los hitos más icónicos en la historia deportiva australiana”.
En la reproducción dejó 10 crías, con Divanation (All Too Hard) destacándose en el plano clásico y otra de sus hijas, La Dolce Diva (Fusaichi Pegasus), produciendo a Touch Of Mink (Not a Single Dount), placé de G2.
Pero su legado no se mide sólo en estadísticas ni en descendencia. Se mide en emoción, en memoria colectiva, en la imagen inolvidable de una yegua avanzando con determinación hacia el disco en la tarde más importante del calendario australiano.
Las leyendas no mueren: se transforman en historia. Y Makybe Diva ya era eterna.





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