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Nassau ya es cosa seria y se metió entre los mejores fondistas

Foto del escritor: Turf Diario
Turf Diario
hace 2 horas
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El hijo de Forge dominó de punta a punta el Clásico Vicente L. Casares (G3), en Palermo, y consiguió la victoria más importante de su campaña; Butterfing lo persiguió durante todo el recorrido, pero no pudo poner en riesgo su triunfo. Ahora, el Dardo Rocha y la ruta Copa de Oro-Pellegrini aparecen como alternativas para su futuro



Por Diego H. Mitagstein

Nassau está corriendo cada día más y mejor. A los 4 años, el hijo de Forge atraviesa el momento más importante de su campaña y este lunes feriado, en el Hipódromo Palermo, dio otro paso enorme hacia su consolidación entre los mejores fondistas del país. Su victoria en el Clásico Vicente L. Casares (G3-2500 m) tuvo autoridad, categoría y dejó la sensación de que todavía hay bastante más por descubrir en un caballo al que las distancias largas parecen sentarle cada vez mejor.

La pista pesada, particularmente exigente para una prueba de semejante recorrido, no representó un obstáculo para el crédito de Juan Carlos y Juan Sebastián Maldotti, que hizo prácticamente lo que quiso desde la partida y terminó imponiéndose por 2 1/2 cuerpos sobre Butterfing (Angiolo), el gran favorito, que regresaba a la competencia después de 164 días de inactividad.

Rodrigo Blanco interpretó a la perfección las necesidades de Nassau. Lo dejó tomar la delantera sin gastar energías innecesarias, administró sus fuerzas con inteligencia y le permitió un resuello entre el tramo final de la recta opuesta y la mitad del último codo, justo cuando había que guardar combustible para el desenlace.

Butterfing, que lo había perseguido durante todo el trayecto, intentó ponerlo en aprietos apenas ingresaron en la recta final. Sin embargo, cuando Blanco recurrió a un único fustazo para pedirle el esfuerzo decisivo, Nassau respondió con una contundencia notable. Se desprendió con absoluta solvencia, estableció diferencias y terminó recorriendo los últimos 100 metros prácticamente sin exigencias, con todo bajo control.

El reloj marcó 2m39s81/100, un registro que debe interpretarse en función de las dificultades que ofrecía el terreno. A pescuezo de Butterfing terminó tercero Holy Holy Rim (Remote), mientras que el resto llegó muy lejos, como si hubiera participado de una competencia diferente. Los tres primeros estuvieron claramente por encima de sus adversarios.

El rendimiento del vencedor no puede considerarse una sorpresa, aunque sí impresiona la manera en que continúa progresando. Nassau había despertado grandes expectativas desde sus tiempos bajo la preparación de Luciano Cerutti, en La Plata, donde fue uno de los potrillos destacados de la generación anterior. Entre sus mejores actuaciones figuró aquel segundo puesto, apenas a la cabeza de Piñazo (John F Kennedy), en el Clásico Jockey Club de la Provincia de Buenos Aires (G3), una demostración temprana de sus condiciones.

Su llegada a las manos de los Maldotti significó el comienzo de una etapa de notable efectividad, particularmente, en Palermo. Allí ganó dos carreras condicionales, escoltó a Sono Perfetto (Tetaze) en el Clásico General Belgrano (G2) y ahora consiguió su primera conquista de grado, confirmando que la evolución que venía insinuando tenía fundamentos sólidos.

También fue especial la ocasión por el estreno de los colores del Stud Macondo, que reemplazaron a los del Stud El Basti. No pudo haber resultado mejor el debut con la nueva chaquetilla, pues Nassau respondió con una actuación que seguramente habrá multiplicado las ilusiones de sus propietarios.

La mano de los Maldotti aparece como un elemento fundamental en este crecimiento. El vareo de fondo, una especialidad histórica de la casa, vuelve a encontrar un intérprete de primer nivel. Nassau no solamente sostiene su velocidad durante recorridos extensos, sino que parece sentirse cada vez más cómodo cuanto mayor es la exigencia de distancia. Una virtud que abre perspectivas especialmente atractivas.

Por lo pronto, dos caminos aparecen en su horizonte. Uno conduce hacia el Hipódromo de La Plata, para disputar el Gran Premio Dardo Rocha (G1), mientras que el otro, que resulta particularmente seductor para sus entrenadores, contempla el paso por el Gran Premio Copa de Oro (G1) como antesala del Gran Premio Carlos Pellegrini (G1), siguiendo aquella ruta que los Maldotti transitaron hace muchos años con el notable Potrillazo (Ahmad). Allí hay un escollo que es una incógnita: el césped, superficie sobre la que el zaino criado en el Haras Carmpangue nunca compitió.

Son desafíos mayores, naturalmente, pero Nassau acaba de demostrar que tiene argumentos para empezar a pensar en grande.

También merece reconocimiento Butterfing. El tordillo de Juan Saldivia volvía a presentarse desde su cuarto puesto en el Gran Premio República Argentina (G1), el 1 de mayo, y asumió una empresa complicada frente a un rival que llegaba en plena actividad y en ascenso. Lo persiguió, buscó comprometerlo en el derecho y jamás se entregó, conservando incluso las fuerzas necesarias para contener la atropellada de Holy Holy Rim y asegurarse el segundo lugar. Una reprise alentadora, pensando en sus próximos compromisos.

Pero la tarde tuvo un dueño indiscutido. Nassau dejó atrás la condición de promesa para transformarse en una realidad de peso dentro de la división de los fondistas. Y, por lo visto este lunes, todavía está lejos de haber alcanzado su techo.



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