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Rocky: antes entrenado por Chad Brown, y ahora la mano derecha de Bill Mott

Foto del escritor: Turf Diario
Turf Diario
hace 6 minutos
4 min de lectura

El entrenador de Sovereignty y Knightsbridge tiene un compañero inseparable en Keeneland: un ex corredor, de nombre oficial Looking At Bikinis, que disputó el Travers Stakes y que hoy cumple una función fundamental en su equipo. Su llegada a la caballeriza esconde una historia tan curiosa como divertida


Rocky (izq.) acompañando a Sovereignty en Keeneland / BREEDERS' CUP
Rocky (izq.) acompañando a Sovereignty en Keeneland / BREEDERS' CUP

LEXINGTON, Kentucky (Especial para Turf Diario).- Bill Mott tiene dos de los grandes candidatos para ganar el Breeders' Cup Classic (G1), pero hay otro caballo de su equipo que también se roba las miradas en Keeneland. No correrá el sábado, no figura en las apuestas y tampoco necesita demostrar su velocidad. Se llama Rocky, tiene 10 años y acompaña al entrenador prácticamente a todas partes.

El antiguo corredor llegó desde Saratoga junto con Sovereignty (Into Mischief) y Knightsbridge (Nyquist), los dos representantes de Godolphin que buscarán conquistar la Classic de 7 millones de dólares, y T Kraft (Connect), que participará en el Breeders' Cup Dirt Mile (G1).

Cada mañana, cuando los caballos salen desde las caballerizas de Rice Road hacia la pista de Keeneland, Mott los acompaña montado en Rocky, que cumple la función de pony de entrenamiento, ayudando a mantener tranquilos a los ejemplares durante sus desplazamientos.

Pero lo verdaderamente interesante es cómo llegó a ocupar ese lugar. Y allí aparece una de esas historias que Mott disfruta contando, con una sonrisa que deja entrever que no todo debe tomarse demasiado literalmente.

“Una noche estaba rezando y, cuando estaba por terminar, pensé que podía agregar algo más: ‘Señor, por favor, mandame algunos de esos caballos que entrena Chad Brown’”, recordó el preparador, integrante del Salón de la Fama estadounidense.

“Y, efectivamente, apareció Rocky”, completó, entre risas.

La realidad fue algo menos milagrosa, aunque no por eso menos curiosa. Hace aproximadamente dos o tres años, un jinete encargado de acompañar a los caballos en la pista de entrenamiento Oklahoma, en Saratoga, le ofreció a Mott comprarle su pony, ya que estaba por trasladarse a Florida.

El entrenador aceptó y sumó al animal a su equipo. Hasta allí, nada demasiado extraordinario. El detalle apareció cuando descubrió quién había sido aquel caballo antes de dedicarse a su nueva profesión.


De correr el Travers a pony

Rocky había competido bajo el nombre de Looking At Bikinis y, efectivamente, había sido preparado por Chad Brown, uno de los grandes rivales profesionales de Mott.

Su campaña no había sido espectacular, pero tampoco menor: consiguió 4 victorias en 10 actuaciones y llegó a participar en algunas de las competencias más importantes de Estados Unidos.

En 2019 estuvo en los partidores del Travers Stakes (G1), en Saratoga, donde terminó undécimo. Ese mismo año fue cuarto en el Cigar Mile (G1), en Aqueduct.

Sin victorias clásicas, Looking At Bikinis terminó dejando las pistas para iniciar una segunda carrera como caballo de andar.

Sin embargo, cuando llegó a la caballeriza de Mott, su nombre original no convenció demasiado al entrenador: “No hay nada malo con Looking At Bikinis”, explicó, nuevamente con una sonrisa. “Pero no podés llamar así a un caballo. Suena demasiado delicado. Rocky suena bastante mejor”.

Mott, que durante su juventud practicó fútbol americano y lucha, prefería un nombre con mayor carácter.

Así fue como Looking At Bikinis pasó a llamarse Rocky, una identidad mucho más apropiada, según su nuevo propietario, para la función que tendría por delante.


Un compañero que aprendió

La adaptación al nuevo trabajo no fue completamente inmediata. Mott recuerda especialmente una de las primeras veces que Rocky atravesó el paddock después de incorporarse a su equipo.

“Tuvo una especie de recuerdo de su vida anterior. Cuando entró por primera vez al paddock, pensó que todo giraba alrededor de él y que iban a ensillarlo para correr”, contó.

Aquel episodio quedó como una anécdota. Con el tiempo, Rocky comprendió que su función ya no consistía en competir, sino en acompañar a los caballos que todavía lo hacen.

Y terminó convirtiéndose en una pieza valiosa de la rutina diaria del entrenador. “Es bueno. Se transformó en un pony bastante confiable y su segunda carrera está siendo muy positiva. Es difícil encontrar el pony perfecto, como también es difícil encontrar el caballo perfecto, pero él está haciendo muy bien su trabajo”, reconoció Mott.

Su presencia resulta especialmente importante con caballos de la categoría de Sovereignty y Knightsbridge, que necesitan mantener la tranquilidad durante los días previos a una competencia de semejante exigencia.

Mientras las miradas se concentran en los últimos ejercicios, el sorteo de partidores y las posibilidades de los grandes candidatos, Rocky continúa cumpliendo su tarea sin estridencias.

No tiene la velocidad de Knightsbridge ni el historial de Sovereignty, pero posee algo que Mott considera indispensable: la confianza que se construye con el trabajo cotidiano.

La historia tiene, además, una ironía difícil de superar. Mott bromeó con pedirle a Dios que le enviara alguno de los caballos de Chad Brown. Y terminó recibiendo uno.

No fue un campeón de G1 ni una futura estrella de la Breeders' Cup, sino un antiguo corredor que encontró una segunda oportunidad y se convirtió en su compañero inseparable.

Rocky no estará en los partidores de la Classic, pero seguramente será uno de los primeros en acompañar a sus protagonistas hasta la pista. Y para Bill Mott, eso también tiene un enorme valor.

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