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Triples empates: cuando la gloria deja de tener un único dueño y se comparte

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • hace 59 minutos
  • 5 min de lectura

Del histórico resultado esta semana en San Isidro al legendario Carter Handicap de 1944, un recorrido por algunos de los finales más extraordinarios que conoció el turf mundial



POR DIEGO H. MITAGSTEIN

Hay fotografías que sirven para despejar cualquier duda. Y hay otras que, paradójicamente, nacen para confirmar que la duda no existe porque la igualdad es absoluta.

En el turf, donde una cabeza, un pescuezo o apenas un hocico suelen separar la gloria de la derrota, el photo finish llegó para terminar con las discusiones. Desde mediados del siglo pasado, las cámaras reemplazaron al ojo humano y revolucionaron la forma de resolver las llegadas ajustadas. Sin embargo, por más sofisticada que sea la tecnología, todavía existen ocasiones en las que ni siquiera una imagen tomada en fracciones de segundo consigue encontrar un vencedor.

Entonces sucede lo impensado.

Los jueces vuelven a observar la fotografía una y otra vez. Amplían la imagen, recorren cada detalle y buscan una diferencia que simplemente no existe. Finalmente, sólo queda aceptar la única conclusión posible: no hay manera de separar a los protagonistas. El reglamento dicta sentencia y la victoria deja de pertenecer a uno solo para convertirse en un privilegio compartido.

Eso fue exactamente lo que ocurrió el miércoles último en el Hipódromo de San Isidro, donde Capricho Urgente (Daddy Long Legs), Moreno del Alba (Don Alba) y Raijin (Hat Ninja) cruzaron el disco prácticamente en la misma línea, dando forma a un triple empate que inmediatamente pasó a integrar la galería de las grandes curiosidades del turf argentino. Un desenlace extraordinario, que no se daba hacía 50 años, y que despertó la inevitable pregunta: ¿cuántas veces ocurrió algo parecido?

La respuesta sorprende. En millones de carreras disputadas alrededor del mundo desde hace más de dos siglos, los triples empates son tan escasos que pueden contarse con los dedos de las manos.

Paradójicamente, la aparición del photo finish no hizo desaparecer los empates. Ocurrió exactamente lo contrario.

Antes de la fotografía, cuando el fallo dependía exclusivamente del ojo humano, muchas llegadas terminaban adjudicándose por simple apreciación. La nueva tecnología comenzó a demostrar que, en realidad, algunas de aquellas definiciones no tenían un ganador real. Pocos días después del legendario Carter Handicap de 1944, el Daily Racing Form explicaba que el uso del photo finish había incrementado la cantidad de dead-heats, como se conoce a los empates en los Estados Unidos, precisamente porque eliminaba el margen de interpretación de los jueces y obligaba a declarar la igualdad cuando verdaderamente existía.

Pero si los empates entre dos caballos ya son poco frecuentes, los triples pertenecen directamente al terreno de lo extraordinario.


Cuando cambió la historia...

Si existe una fotografía capaz de resumir este fenómeno, esa fue tomada el 10 de junio de 1944 en Aqueduct. Aquel día se disputaba una nueva edición del Carter Handicap, uno de los grandes clásicos para velocistas de los Estados Unidos. Nadie imaginaba que la historia terminaría escribiéndose mucho después del cruce del disco.

Brownie (Cohort), Bossuet (Boswell)y Wait A Bit (Espino) aparecieron prácticamente alineados en los últimos metros. Los jueces necesitaron varios minutos para estudiar la imagen antes de anunciar un fallo sin precedentes: los tres habían llegado exactamente al mismo tiempo.

Era el primer triple empate en una prueba clásica estadounidense y, más de 8 décadas después, continúa siendo el único registrado en una carrera de ese nivel. La imagen de aquellos tres hocicos alineados sigue siendo una de las fotografías más famosas de la historia del turf.

Tan extraordinario fue aquel desenlace que incluso The New Yorker le dedicó una crónica especial. Su autor señalaba que había encontrado apenas otro triple empate registrado previamente en las carreras norteamericanas, ocurrido dos años antes en Detroit y de muchísimo menor relieve. El Carter elevó aquel fenómeno estadístico a la categoría de leyenda.


Otros finales imposibles

Lejos de Estados Unidos, el turf australiano también tuvo su jornada inolvidable. El Hotham Handicap de 1956, disputado en Flemington, terminó con Fighting Force (Helios), Ark Royal (Marco Polo) y Pandie Sun (Valognes) compartiendo la victoria después de otro photo finish incapaz de establecer diferencias.

Como si aquello hubiera abierto una puerta, apenas unos meses después Hollywood Park, en California, vivió su propio triple empate cuando Joe's Pleasure (Pleasure Fund), Challenger Tom (Challedon) y Leaful (Re-Armed) cruzaron el disco absolutamente alineados.

La lista continúa con algunos episodios registrados en Nueva Zelanda, Canadá y el trote estadounidense, aunque siempre bajo un mismo denominador común: acontecimientos tan excepcionales que permanecen vivos durante décadas en la memoria de los aficionados.


Sudamérica, también

Nuestro continente tampoco escapó a estos desenlaces extraordinarios.

El triple empate producido esta semana en San Isidro, tenía su antecedente más cercano en ese mismo hipódromo en 1971, pero, además, reavivó el recuerdo de otros episodios similares registrados en la región, entre ellos uno ocurrido en Chile que todavía suele citarse como una verdadera rareza.

Ocurrió el 21 de febrero de 2003, cuando Shymby (Domiziano), For Ever (Balconaje) y Carmenier (Fils Unique) igualaron en la primera carrera del Club Hípico de Santiago

Tan inusual resulta el fenómeno que los reglamentos de apuestas de varios países contemplan específicamente la posibilidad de que 3 caballos compartan el primer puesto, estableciendo de antemano la forma en que deben distribuirse los dividendos. Es la demostración más clara de que, aunque casi nunca sucede, nadie puede descartar completamente que vuelva a ocurrir.


Empates que hicieron historia

No hace falta que sean tres para convertirse en leyenda. En 2003, el Breeders' Cup Turf (G1) necesitó más de veinte minutos para proclamar vencedores a High Chaparral (Sadler's Wells) y Johar (Gone West), protagonistas de uno de los fallos más comentados de la era moderna.

En 2012 fue el Travers Stakes (G1) el que terminó con Alpha (Bernardini) y Golden Ticket (Speightstown) compartiendo la gloria en Saratoga.

Antes habían llegado el empate entre Cormorant Wood (Home Guard) y Wassl (Mill Reff) en las Lockinge Stakes  (G1) de 1984 o el protagonizado por Dunette (Hard to Beat) y Shakapour (Kalamoun) en el Grand Prix de Saint-Cloud  (G1) de 1980, demostrando que, incluso en los máximos niveles internacionales, la perfección de la tecnología tiene sus límites.


La gloria no admite diferencias

El turf vive de los márgenes mínimos. Una cabeza puede cambiar una campaña. Un hocico puede definir un campeonato. Apenas unos milímetros pueden separar la inmortalidad del anonimato.

Quizá por eso los empates ejercen una fascinación tan especial. Representan la excepción dentro de un deporte obsesionado con encontrar al mejor. Son el recordatorio de que, por más precisos que sean los cronómetros, las cámaras digitales y los sistemas de photo finish, todavía existen llegadas capaces de desafiar hasta a la tecnología.

Y cuando eso sucede, cuando después de revisar una fotografía una y otra vez nadie consigue descubrir quién fue primero, el turf ofrece una de sus imágenes más nobles.

Porque, por una vez, la gloria deja de tener un único dueño y aprende el difícil arte de compartirse.




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