Un día como hoy, pero de 1988, moría Forli, el campeón que nunca se fue

El 16 de septiembre de 1988, a sus 25 años, el cuádruple coronado partía en Claiborne Farm, donde brilló en la reproducción

Por Diego H. Mitagstein
Hay caballos que pertenecen a su época y otros capaces de atravesarla. Forli fue uno de estos últimos. Pasaron 38 años desde aquel 16 de septiembre de 1988 en que murió en Claiborne Farm, pero su nombre jamás quedó limitado a una página del pasado. Sigue apareciendo en los pedigrees, renace detrás de campeones modernos y conserva intacto su lugar entre los purasangres más grandes que dio la Argentina.
Alazán, nacido en 1963 en el Haras Ojo de Agua, era hijo del inglés Aristophanes y de Trevisa, por Advocate. Corrió para la caballeriza Riqui, bajo la preparación de Juan Lapistoy y con Rodolfo Zapata como su jockey en el país.
Desde sus primeros pasos dejó en claro que no era un caballo común. Ganó sus tres carreras a los 2 años por amplios márgenes -12, 17 y 5 cuerpos-, cerrando aquella campaña con el Gran Premio Montevideo. Lo que vendría después terminaría de convertirlo en leyenda.
En 1966 conquistó la Polla de Potrillos, el Gran Premio Jockey Club y el Gran Premio Nacional, completando la Triple Corona. Pero todavía le faltaba el desafío definitivo: enfrentar a los adultos en el Gran Premio Carlos Pellegrini. También los venció y se transformó en uno de los pocos cuádruples coronados de la historia argentina.
Fueron siete actuaciones y siete triunfos en el país, siempre de punta a punta. Ganó desde los 1400 hasta los 3000 metros, un recorrido que explica mejor que cualquier adjetivo la dimensión de su talento. Tenía velocidad, resistencia y una superioridad que sus rivales apenas podían discutir.
Su figura llamó la atención de Arthur “Bull” Hancock Jr., conductor de Claiborne, que pagó una cifra cercana al millón de dólares para llevarlo a los Estados Unidos. Quedó al cuidado del legendario Charlie Whittingham y debutó allí con otra demostración: ganó el Coronado Handicap, en Hollywood Park, estableciendo un récord para los 1700 metros sobre césped.
Los problemas físicos acortaron su campaña. Luego de imponerse en una exhibición, sufrió su única derrota al terminar segundo de Dominar (Nashua) en el Citation Handicap, actuación durante la cual se habría lesionado. Fue retirado con una campaña de 10 salidas, 9 triunfos y un segundo puesto. Al campeón que parecía destinado a conquistar las pistas estadounidenses le esperaba, sin embargo, otra forma de inmortalidad.
En Claiborne, Forli produjo 60 ganadores clásicos y dejó hijos sobresalientes en diferentes distancias y continentes. El más célebre fue Forego, uno de los grandes ídolos de la hípica estadounidense, ganador de 34 carreras, tres veces elegido Caballo del Año y luego incorporado al Salón de la Fama.
También fue padre de Thatch, campeón europeo y vencedor del St. James’s Palace Stakes, la July Cup y el Sussex Stakes; de Sadeem, doble ganador de la Ascot Gold Cup; de Forceten, Intrepid Hero, Asteroid Field, Fordham y Lisadell, entre muchos otros. Su genética funcionó sobre la velocidad, la milla y las largas distancias, igual que había ocurrido durante su propia campaña.
Sin embargo, la influencia más profunda llegó a través de sus hijas. Special fue madre de Nureyev (Northern Dancer) y abuela materna de Sadler’s Wells (Northern Dancer), dos de los reproductores más trascendentes de la historia moderna. Desde allí, la sangre de Forli se extendió por innumerables ramas, alcanzando a nombres como Galileo (Sadler's Wells), Frankel (Galileo) y una interminable sucesión de campeones clásicos.
Otra hija, Tuerta, produjo a Swale (Seattle Slew), ganador del Kentucky Derby (G1) y del Belmont Stakes (G1). Excellently fue madre de Precisionist (Crozier), integrante del Salón de la Fama; y su presencia también quedó arraigada en familias responsables de figuras como Zenyatta (Street Cry) y El Condor Pasa (Kingmambo).
Por eso, recordar a Forli no supone solamente mirar fotografías antiguas o reconstruir una campaña perfecta. Es reconocer a un caballo argentino cuya influencia sigue viva. Está enterrado en Claiborne, tierra de gigantes, pero una parte de él continúa galopando cada vez que aparece su nombre en el pedigree de otro campeón.
Forli murió lejos de su país, aunque nunca se fue del todo. Los verdaderamente grandes tienen esa virtud: el tiempo no los borra; apenas ayuda a comprenderlos mejor.





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