Un siglo y medio de gloria en la arena: Palermo, el corazón que no deja de latir
- Turf Diario

- hace 5 días
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El histórico hipódromo de la ciudad de Buenos Aires festeja hoy su 150 aniversario, rodeado de gloria gracias al turf

La historia del turf argentino no se explica sin sus coordenadas sagradas, y este 7 de mayo de 2026, el Hipódromo de Palermo alcanza una cifra que estremece el alma de cualquier burrero: 150 años de vida. Desde aquel lejano 1876, cuando Buenos Aires era todavía un proyecto de metrópolis y los alfalfares de Juan Manuel de Rosas marcaban el horizonte, el Circo de la Avenida Libertador ha sido el escenario donde los sueños se transforman en leyenda sobre un disco de llegada.
Todo comenzó en un terreno pantanoso, un cañaveral indómito entre el Parque 3 de Febrero y Belgrano. Aquel día inaugural, la ciudad se desbordó. Los tranvías y trenes -que sumaron 50 vagones extra- colapsaron ante la marea humana de 10.000 personas que querían ser testigos del nacimiento del primer centro hípico formal de la capital. La victoria de Resbaloso en la competencia inicial marcó el primer hito de una pista que, con el tiempo, se convertiría en la más prestigiosa del continente.
La llegada del Jockey Club en 1883, de la mano de Carlos Pellegrini, le dio al turf la estructura institucional que necesitaba. Bajo su gestión se creó el Stud Book, ese registro genealógico que custodia la pureza de nuestra sangre. Apenas 2 años después, en 1885, el Gran Premio Nacional veía la luz sobre 2500 metros. Fue una tarde histórica que contó con la presencia del Presidente Julio Argentino Roca y coronó a Souvenir (Blair Adam).
Palermo no solo fue cuna de campeones, sino también de vanguardia arquitectónica y tecnológica. En 1908, el arquitecto Louis Faure Dujarric reemplazó la vieja madera por ese estilo neoclásico francés que hoy es patrimonio de todos los argentinos. Por sus tribunas -la Oficial, la Paddock, la Especial...- pasaron la elegancia de la Belle Époque y la pasión del pueblo. También fue pionero en justicia hípica: en 1947 introdujo el photochart para sentenciar los finales cabeza a cabeza, y en 1967 las gateras eléctricas reemplazaron a las viejas cintas.
Cómo olvidar las gestas que detuvieron el pulso del país. El mano a mano entre Botafogo (Old Man) y Grey Fox (Le Samaritain) en 1918, una revancha que congregó a 30.000 personas y dejó a cientos colgados del terraplén del ferrocarril. O la figura de Irineo Leguisamo, El Pulpo, cuya fusta mágica se hizo canción en la voz de su amigo Carlos Gardel, dueño del inolvidable Lunático (Saint Emilion). En estas arenas también tronaron los cascos de Old Man (Orbit), Yatasto (Selim Hassan), La Mission (Congreve) y Telescópico (Table Play), el caballo con el que Marina Lezcano rompió barreras de género al ganar la Cuádruple Corona en 1978; o El Serrano (Excel II), el último Caballo del Pueblo.
Tras la expropiación estatal de 1953 y la posterior privatización en 1992 bajo la firma H.A.P.S.A., el hipódromo supo reinventarse. La iluminación de la pista en 1971 abrió paso a noches mágicas, y en 2011 la nueva pista de césped sumó versatilidad a la catedral.
Hoy Palermo quizás no tenga ese lugar en la gente que ostentó por muchos años, pero sigue siendo un orgullo de todos los porteños, un modelo a seguir, un hipódromo que enamora a cada uno de los que transitan sus patios y sus tribunas.
El Hipódromo de Palermo celebra hoy sus 150 años siendo mucho más que un lugar de apuestas. Es el monumento vivo de una identidad, el refugio de los que todavía creen que no hay música más bella en el mundo que el galope de un caballo buscando la gloria en el filo del disco; en el sueño de tener el crack propio. En la ilusión, los amigos y el amor por el turf.





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