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White Abarrio, el campeón que nunca se rinde, y una lección de calidad

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • hace 11 horas
  • 3 Min. de lectura

En una carrera que quedará en la memoria, el crack de Saffie Joseph Jr. impuso su jerarquía ante Sovereignty y Journalism y volvió a demostrar por qué es uno de los grandes de su tiempo



Por Diego H. Mitagstein

Había clima de gran pelea, de esas que trascienden una temporada. Y el Oaklawn Handicap (G2) 2026 estuvo a la altura. Porque en una de las carreras del año, con 3 campeones frente a frente y un público que respondió como en las grandes ocasiones, fue la experiencia la que terminó imponiéndose.

A los 7 años, White Abarrio volvió a demostrar que la clase no se negocia. Que los años no pesan cuando el talento y el corazón siguen intactos. Y que, cuando está bien, todavía puede mirar a todos desde arriba.

No era un escenario sencillo. Del otro lado estaban Sovereignty (Into Mischief), Caballo del Año, y Journalism (Curlin), héroe del Preakness Stakes (G1), ambos regresando tras largas ausencias pero con credenciales de sobra. Sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad, el veterano fue el que respondió.

La carrera tuvo desarrollo cambiante. Contra lo esperado, Sovereignty tomó la delantera desde temprano, obligando a Irad Ortiz Jr. a replantear todo el libreto.

“Largué bien, pero no pude ubicarme donde quería. Pensé que iba a estar adelante, pero no me sentí cómodo en la primera curva”, explicó el jinete.

Ahí apareció el primer giro clave. Journalism se le fue al humo al puntero y ese movimiento terminó siendo decisivo.

“Cuando vi que Journalism se le ponía al lado, supe que no lo iban a dejar venir suave. Entonces dije: ‘Que hagan su carrera, yo espero’”, agregó Ortiz. Plan B. Paciencia. Y confianza.

Mientras los dos más jóvenes, ambos sin correr desde hacía meses, se exigían con parciales intensos (23s13/100, 47s3/100 y 1m11s27/100), White Abarrio viajaba donde más le gusta: expectante, midiendo, listo para atacar.

En la curva final, los tres se despegaron del resto. Y al pisar la recta, el tordillo ya estaba listo. “Pude ponerlo en la posición que le gusta. Me dio una gran sensación, confié en él y fue respondiendo de a poco, hasta rematar fuerte”, describió Ortiz.

Lo que siguió fue contundente. Mientras Sovereignty y Journalism comenzaban a sentir el esfuerzo tras sus regresos -ocho y cinco meses sin correr, respectivamente-, White Abarrio sacó a relucir oficio y condición. Pasó de largo y se escapó con autoridad.

Fueron 2 cuerpos en el disco, tras 1m47s49/100 para los 1800 metros. El Oaklawn Handicap más rápido desde los tiempos de Cigar (Palace Music).

Detrás, Sovereignty alcanzó a contener a Journalism, pero la sensación fue clara. La juventud estuvo ahí. La jerarquía ganó.

“Es un caballo que lo ha dado todo para ser campeón”, dijo, visiblemente emocionado, Saffie Joseph Jr., su entrenador. “Sabíamos que estaba bien, pero no sabíamos si eso iba a alcanzar. Y alcanzó… Fue una de las mejores carreras en mucho tiempo”.

El triunfo también tuvo sabor a desahogo. Tras la polémica exclusión a último momento en el Breeders’ Cup Dirt Mile (G1) y una preparación complicada rumbo al Pegasus World Cup (G1), esta vez todo salió como debía.

“Pudimos prepararlo exactamente como queríamos y ahí están los resultados”, explicó Mark Cornett, uno de sus propietarios.

Con esa base, Ortiz lo tenía claro: “La vez pasada corrió enorme sin estar al 100 por ciento. Hoy sí lo estaba, y por eso lo monté con más confianza”, dijo.

Del otro lado, también hubo reconocimiento. Bill Mott, entrenador de Sovereignty, fue directo: “Después de 8 meses, se sintió. Los dos que volvían de parates largos se cansaron un poco. En un lote común, quizás alcanzaba. Pero este no era un lote común”.

Y es que no lo era. No con 35.000 personas vibrando en Oaklawn. No con tres campeones doblando juntos en el codo final. “No se ven muchas veces carreras así”, resumió Cornett.

White Abarrio pagó 9,20 a ganador, sumó su séptimo triunfo de grupo y llevó sus ganancias por encima de los 8,4 millones de dólares. Pero más allá de los números, dejó fue un mensaje. “A medida que envejece, seguimos aprendiendo de él”, cerró su propietario. Y eso es lo más impresionante. Porque a los 7 años, cuando muchos ya miran hacia el haras o el retiro, White Abarrio sigue escribiendo capítulos grandes.

Sigue compitiendo. Sigue ganando. Sigue enseñando. Y en Oaklawn, frente a la nueva generación, dejó en claro que los campeones de verdad… nunca pasan de moda.



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