Por 3/4 de cuerpo superó al gran favorito Huracán Estival en el Especial Eduardo Casey de La Plata

LA PLATA.- Con su estilo, jugándose desde la partida, la yegua Princesa Lake regresó a su mejor forma y al triunfo haciéndole pasar un papelón a los machos al quedarse con el Especial Eduardo Casey (1200 m, arena), la carrera más importante dentro del programa que se realizó este jueves en el hipódromo de esta ciudad y resuelto bajo escala de peso por edad.

Después de patinar en el Clásico Ciudad de La Plata (G2) y en el Gran Premio Félix de Alzaga Unzué (G1), y de dar un inesperado paso en falso en el Especial Haras El Paraíso, la hija del generoso Anjiz Lake no tuvo contemplaciones con los seis rivales que le salieron al cruce, asumiendo decididamente la delantera en el salto y manteniéndose allí hasta cruzar el disco.

Presionada siempre por Ree Afirmado (Reelants), la alazana del Stud El Entrerriano marcó parciales de 23s77/100 y 45s78/100. Podía esperarse que en la recta su ritmo decreciera, pero nada de eso sucedió. Exigida por el jockey brasileño José da Silva, no sólo dio por perdidas las ilusiones de Ree Afirmado, sino que construyó una pared para contener la atropellada del gran favorito Huracán Estival (Hurricane Cat) por 3/4 de cuerpo, con igual margen hasta el mencionado Ree Afirmado.

Top Maker (Grand Reward) quedó cuarto a otros 2 1/2 largos mientras que Tamagochi (Manipulator) cerrando la marcha muy alejado, quizás, perjudicado por algún problema físico.

Atendida por Silvio Loyola y también de la cría de El Entrerriano, Princesa Lake estableció la excelente marca de 1m10s52/100 para redondear la novena victoria de su campaña sobre un total de 29 presentaciones. Con apenas 4 años y más de 3 millones de pesos en premios, la notable velocista ya consiguió imponerse en 5 turnos jerárquicos, destacándose en esa cosecha los conseguidos en los clásicos General Belgrano (G2), Velocidad (G3) y Arturo A. Bullrich (G3).

Capaz de rendir desde el kilómetro a la milla, muestra su mejor predisposición en la velocidad con codo, allí donde, mayormente, se hace inexpugnable para el rival que se le cruce.