Atropellando con mucha fuerza, el Campeón 2 Años Macho de 2019 en Argentina brilló en Keeneland y clasificó a la Breeders’ Cup

LEXINGTON, Kentucky (Especial para Turf Diario).- Ivar, el caballo brasileño que fue campeón en Argentina, ofreció una brillante muestra de talento ahora en los Estados Unidos, para convertirse en el segundo sudamericano en la historia que consigue ganar en Keeneland el Shadwell Turf Mile Stakes (G1-1600 m, césped), después del éxito del chileno Host (Hussonet) en 2005.

En apenas su cuarta presentación en el norte, en su primer choque de máxima escala allí y obligado a cambiar la táctica que venía empleando ante una partida complicada, el crack del Stud RDI y del Bonne Chance Farm fue una aplanadora en la recta final, recorriendo el último cuarto en velocísimos 22s39/100 y pasando de largo a sus rivales para triunfar sin sufrimientos y sacar pasaje directo por la vía del Challenge Series al Breeders’ Cup Mile (G1), que dentro de un mes se correrá en esta misma pista y distancia.

Partiendo desde la puerta más externa, Joseph Talamo no tuvo más remedio que esperar con el hijo de Agnes Gold y May Be Now (Smart Strike), manteniéndolo a la expectativa para no ocasionarle un desgaste innecesario en ir a pelear por la punta antes de la primera curva. Fue todo un acierto el plan que el jockey llevó a la realidad y que fue diagramado por Paulo Lobo, entrenador del zaino, pues cuando llegó el derecho explotó para salir despedido, dominar en un par de saltos y batir por 3/4 de cuerpo al francés Raging Bull (Dark Angel), que también remató fuerte (22s13/100 para los 400 decisivos), aunque recorriendo algo menos de terreno.

“Estábamos preocupados por largar desde el 11, pero en Argentina solía correr viniendo desde más atrás. Por suerte todo funcionó a la perfección y Joe le dio una conducción 100 puntos”, explicó Lobo antes de decir: “Ustedes saben lo difícil que es ganar un G1 aquí, especialmente en Keeneland, ahora es tiempo de celebrar”.

El jockey, por su parte, comentó: “Allá por el opuesto traía un ritmo espectacular, venía muy relajado. Quiero felicitar a Paulo, porque hizo un gran trabajo con el caballo, cambiando la táctica. Hay que recordar que cuando ganó en Churchill Downs lo hizo viniendo adelante. Ver sus sonrisas al volver tras la carrera fue una enorme satisfacción”.

Ivar nació en Brasil, se hizo grande en Argentina y ahora comienza a ratificar todo lo que siempre se pensó de él en los Estados Unidos, allí donde las exigencias siempre son mayores. Con un G1 bajo el brazo -3 si se cuentan los que sumó en San Isidro y Palermo- la Breeders’ Cup ya no es una ilusión, sino una realidad. Ganarla ya tampoco parece una utopía.