Ajuste Fiscal mostró pasta de campeón en la versión 2020 de la carrera más importante del Uruguay, la noche de la despedida definitiva de Pablo Falero

MONTEVIDEO, Uruguay (De un enviado especial).- Un crack, un ídolo, la carrera más importante de todas y la pasión de siempre no podían fundirse más que en otra fiesta de Reyes inolvidable en el Hipódromo Nacional de Maroñas. Tribunas colmadas, que dejaron este lunes una recaudación récord (alrededor de US$ 1.200.000), “se rompieron las manos” para aplaudir al gran ganador del Gran Premio José Pedro Ramírez (G1-2400 m, arena) y al jockey que marcó una época, en las dos grandes historias del día.

Como había sucedido en la Polla de Potrillos (G1) y en el Jockey Club (G1), Ajuste Fiscal demostró su pasta de campeón para subirse a la lista de ganadores del clásico con más rigambre del turf charrúa, la misma noche en que Pablo Falero, el único, el jinete más grande de todos, empuñaba por última vez la fusta. Los dos cuentos no podían tener el final perfecto, estaba claro. Pero, al final de la noche, pudieron convivir a la perfección.

Antes de la emoción por el retiro del mago, Ajuste Fiscal estuvo soberbio, imparable, dejando la impresión general de estar en presencia ante un gran caballo, quizás de los mejores desde la reapertura del hipódromo histórico.

El mal trance del Nacional, cuando cedió la posibilidad de alzarse con la Triple Corona, quedó atrás. El episodio con sus dientes y que lo elevó a un estado de nervios llamativo en la previa del Derby, quedó atrás, el potrillo de La Pomme volvió a estar pleno y en la pista fue contundente.

Con Ajuste Fiscal, también, el jockey Héctor Lazo terminó con gloria una noche que había nacido “fulera”. ¿Qué pasó”. Bien le líder de la estadística tenía otros dos compromisos grandes en el día con Algecira Fever (Texas Fever) en el Ciudad de Montevideo (G1) y con Sinabung (Discreet Cat) en el Gran Premio Pedro Piñeyrúa (G1), pero un rato antes de montarlos los dos fueron baja.

La yegua sufrió un trastorno en su stud y faltó a la cita, pero más lamentable todavía fue lo del millero, que se boleó asustado por la música cuando caminaba hacia los boxes de exhibición, debiendo ser retirado por los golpes sufridos.

La racha, por suerte, no tuvo tercera parte con Ajuste Fiscal, que, cuando se tomó las cosas en serio en la recta final, jugó a la pelota con el puntero Bobby Q. (Shangai Bobby) para dominarlo y batirlo por 7 cuerpos.

Fueron pura potencia en esas 3 cuadras finales los imponentes 516 kilos del pupilo de Antonio Cintra, que decoró su labor para el aplauso con un tiempo de 2m27s42/100. A otros 3 cuerpos, Cap Bon (Posse), otro 3 años, fue tercero, delante de Olympic Harvard (Drosselmeyer), que en las manos de Falero no tuvo la respuesta esperada en el derecho, aunque tampoco defraudó.

Ajuste Fiscal y Bobby Q. fueron criados en el Haras La Concordia, la cabaña de Raúl Cazalás donde sirve el generoso Ioya Bigtime y que también fue cuna de Sentimental (Bluegrass Cat), heroína en el Ciudad de Montevideo. 

También el trabajo del preparador Antonio Cintra debe ser puesto en valor, pues mantuvo en una forma casi ideal al potrillo al cabo de toda la temporada.

Samuel Liberman, propietario junto a Guillermo, su hijo, de Ajuste Fiscal, se dio el gusto de sacarse la foto en el Ramírez, la carrera emblema del hipódromo que su grupo empresario ayudó a revivir, antes de dejar parte de la sociedad que lo maneja. La situación fue curiosa, pero bien madura, tanto que a las pocas horas la comisión hípica nominó al campeón como el primer representante local para el Longines Gran Premio Latinoamericano (G1) de marzo próximo en el Hipódromo de San Isidro, en Argentina, donde, se descuenta, estará presente para tratar de llevar su categoría hacia otro nivel.

Pasó un Ramírez que mezcló emoción y pasión por partes iguales; que fue tan exitoso como siempre y que ayudó a ratificar que su fiesta es, sin duda alguna, una de las mayores en materia hípica a nivel mundial. En Uruguay pueden estar bien orgullosos.

Diego H. Mitagstein