Con una reunión completa bajo las CA y las condicionales flojitas, en San Isidro se apostaron poco más de 34 millones de pesos

Por Diego H. Mitagstein

Normalmente las reuniones de los miércoles en el Hipódromo de San Isidro son de baja calidad, aunque con algún toque jerárquico que ameniza un poco la situación, que deja algo para contar que no transite el camino de las carreras alternativas ni de las pruebas para veteranos sin demasiado porvenir.

Pero la que se resolvió ayer ni siquiera tuvo ese oásis para la vista y el corazón de aquellos quienes disfrutan del buen turf, de ese que siempre fue dueño de la pista del Jockey Club hasta que con la llegada de las carreras de índice todo se fue resquebrajando para terminar en este festival de “claimings bajos”.

Se podrá decir que al cabo de las 14 carreras que se resolvieron la recaudación trepó hasta los 34.279.500 pesos, una cifra alta para entre semana y que ratifica que febrero, en líneas generales, devolvió lo jugado a los niveles de diciembre, pero sin futuro en la pista no hay dinero que sirva en el largo plazo, más allá de la economía de los propios hipódromos, que, en el caso de San Isidro, cubriría los bajísimos premios entregados sin tener que recurrir al fondo de reparación.

Argentina es un turf de élite, productor de caballos buenos, cracks mundiales, pero si la cantera funciona a cuentagotas y la calculadora manda, esas figuras que tan seguido aparecían comienzan a depender más de otros puntos que del propio desarrollo que puedan tener en las pistas.

Hoy muchos caballos corren “la que tienen”, no “la que quieren o deben”, las condicionales achicaron su marco y ya cuando se ganan dos carreras son los propios hipódromos los que obligan a propietarios y entrenadores a “chocar” a sus prospectos porque “parados” no pueden estar. Los ejemplares prometedores no tienen demasiadas opciones, pero los que no tienen las velocidades suficientes para trascender, las tienen todas, al por mayor. 

No hay que inclinar la balanza hacia un lado ni hacia el otro, hay que conseguir que el turf argentino tenga criterio y equilibrio en la historia, situación que hoy claramente no se da. Se eliminan carreras lindísimas con 7 caballos confirmados, pero sólo porque después las cuentas no cierran (a los propietarios hace mucho tampoco le cierran, pero siguen soñando aún perdiendo). Quizás sea mejor alguna vez “invertir” en el futuro, y no seguir desarrollando un calendario condicional paupérrimo, repleto de carreras decididamente malas. Es una sugerencia, para pensarlo. Por ahí vale la pena…