Puro corazón, y empujado con alma y vida por Eduardo Ortega Pavón, el hijo de Fortify brilló en San Isidro

No importa cuántas fotos grandes haya habido antes. Cada nuevo triunfo trascendente emociona como si fuese el primero; por el trabajo que hay detrás, por las ilusiones generadas, por los nuevos sueños que nacerán a partir de allí. Esas sensaciones que sólo aquellos que viven la hípica desde adentro pueden entender produce ver al potrillo propio cruzar adelante el disco de una carrera como el Gran Premio Jockey Club (G1-2000 m, césped), el “Classic” más antiguo de todos los que se corren en el país, la segunda escala de esa Triple Corona esquiva y que en 2019 también tendrá dueño, sumando 23 años de frustración.

Bajo esos conceptos, que ojalá fueran mucho más públicos, puede entenderse que Carlos Daniel Etchechoury haya estado a un centímetro de tropezar con el llanto después de la valiente victoria de Roman Joy en la gran prueba del sábado en el Hipódromo de San Isidro.

“Dany” ganó cientos de G1, pero la pasión siempre es más fuerte, y de allí que la emoción le doblara el brazo. Quizás, también, un poquito, el tiempo siempre ablanda… No fue el único al que se vio exultante, Eduardo Ortega Pavón, el jockey, no encontró mejor manera de festejar su cumpleaños que dando una cátedra de vigencia, de poder y de estado físico. Cuando el paraguayo empuja al disco con la potencia de sus brazos y su piernas y tiene debajo motor, casi siempre es gol.

Y ni que hablar de Carlos Felice, el nombre detrás del Stud-Haras El Angel de Venecia, que ahora podrá contarle a todos que tuvo el placer de ganar 2 veces el Jockey Club en un lapso de apenas 3 años, pues en 2017 había levantado la misma copa con Village King (Campanologist), también en un cierre no apto para cardíacos.

Aquella vez había sido The Great Day (Harlan’s Holiday) el que hizo estirar a Village King, y ahora el nombre del riesgo fue Imperador (Treasure Beach), que nunca se entregó tras dominar temprano al pisar la recta para caer en el disco y por apenas medio pescuezo ante Roman Joy.

A 1 1/2 cuerpo, Señor Don (Señor Candy) completó una gestión dignísima, alentando expectativas hasta los 200, llegando delante del favorito Miriñaque (Hurricane Cat), de buena gestión, aunque no lo suficiente como mantener sus ilusiones de Triple Corona. Don Palco (Orpen) y Lauda Air (Cityscape) , que completaron el marcador, todo tras flojitos 2m8s19/100, en gran parte, gracias al tren lentísimo que marcó Devil Camp (Campanologist).

Roman Joy no fue sorpresa, pues venía de llegar segundo de Miriñaque en la Polla y de superar un problemita físico que sus allegados se encargaron de aclarar lo venía afectando. Se notó la mejoría.

En la G2 The Rosy (Hennessy), en el pedigree de Mac Royal (Roy), Ma Crepinette (Mountdrago) y Mac Toss (Egg Toss), Roman Joy nació en el entrañable Haras La Biznaga. Y para el final habrá que caer rendidos “a las patas” de Fortify (Distorted Humor), una aparición maravillosa entre los padrillos y que en el lapso de apenas una semana consiguió el 1-2-3 con sus hijas en el Gran Premio Selección (G1) y ganar el Jockey Club (G1).