Roman Rosso puso talento y corazón para otro grito Latinoamericano
11 Marzo, 2018 Share

Roman Rosso puso talento y corazón para otro grito Latinoamericano

El ganador del Nacional de 2017 se impuso en la prueba continental, en Maroñas y como Latency…

MONTEVIDEO, Uruguay (De un enviado especial).- La emoción se tiñó otra vez de celeste y blanco en el Longines Gran Premio Latinoamericano (G1). Aquello que antes tanto costaba -sangre, sudor y lágrimas- ahora se ha vuelto una sana costumbre, una ratificación de que a nivel continental, cada vez más competitiva, el turf argentino marca tendencia.

Con el brillante triunfo de Roman Rosso este domingo en Maroñas, son dos ahora las victorias consecutivas de nuestro país en la prueba continental -y seis por total…-, “olvidándonos” del sabor amargo que dejó antes el festejo trunco de Don Inc (Include) en Gávea, Río de Janeiro. El alazán repitió la gesta de Sixties Song (Sixities Icon) hace doce meses en el Sporting de Viña del Mar, en un momento necesario, ideal, en que la política está empeñada en embarrar la cancha contra una de las pocas actividades en que la Argentina aparece entre las potencias mundiales.

Alguien bromeó por allí: “¿Y si hacemos un pasacalles y lo ponemos en la puerta de la gobernación así se enteran de lo que pasó?”. No es una mala idea, aunque estaría mucho mejor que quienes hoy han entablado una batalla contra una actividad noble, digna y generadora de empleo, lo entendieran de alguna otra manera más lógica.

Cuestiones políticas al margen, lo de Roman Rosso tuvo sabor épico, de hazaña, pero más por lo mucho que le cuesta a los argentinos destacarse en sus viajes por Sudamérica que por las reales grandes posibilidades de concretar con que llegaba a Maroñas, pues era uno de los máximos candidatos.

Esa inactividad de varios meses abría un signo de interrogación del que solo él tendría la respuesta a la hora de la verdad, pero su fantástica conquista del Nacional (G1), por seis cuerpos y de punta a punta colaboraba con una buena dósis de confianza.

En la cancha, Roman Rosso fue el Roman Rosso que se había dejado ver en el último trimestre de 2017, mejor aún quizás. Maduro, fresco, el hijo de Roman Ruler contó con un socio lúcido como Wilson Moreyra, cuya conducción fue de libró.

Con la libertad de poder decidir el plan sobre la marcha, el jockey evitó salir a pelear con el puntero Fizgerald (Put It Back) y dejó a Roman Rosso en una segunda línea, parejo con el peruano Barbón (Badge of Silver). No hubo demasiadas variantes, aunque ya en la mitad del codo el panorama empezó a mutar.

Fitzgerald aflojó mucho antes de lo previsto y sus perseguidores tomaron todo el protagonismo, empezando a pelear por la victoria, en una lucha que se prolongó hasta los 100 metros finales, cuando el argentino empezó a distanciarse haciendo pesar su juventud, su nivel y su buen fondo. De la nada apareció el brasileño Leao de Prata (Crimson Tide) atropellando largo y firme, tanto como para terminar escoltando a Roman Rosso desde 1 cuerpo, con Barbón al anca. Olympic Harvard (Drosselmeyer) fue cuarto y Areco for Sale (Not for Sale) quinto, todo tras 2m2s5/100, tras parciales exigentes de 24s25/100, 46s56/100 y 1m10s64/100.

Roman Rosso brilló e hizo brillar a la hípica argentina en un Latinoamericano perfecto, en el que Maroñas puso todo lo que tenía a mano para aprobar largamente la exigencia que representa organizar una carrera de tanta importancia. Fue el mejor entre muchos de los mejores caballos de Sudamérica y ese mérito vale destacarlo. Es cierto que quizás hubo ausencias sensibles, como la de los lesionados o como la de los representantes chilenos, pero dio la sensación de que esta versión de Roman Rosso le hubiera dado batalla a cualquiera.

Vaya, obviamente también, el reconocimiento para el gran trabajo de Jorge Mayansky Neer, entrenador del caballo que nació en Melincué justo antes de que el haras de Héctor Villa se liquidara. Llevó a su caballo con toda la experiencia que su notable carrera le dio y para que este maravilloso festejo se diera fue uno de los grandes “culpables”

Ganar el Latinoamericano era imposible no hace mucho para el turf argentino, pero en los años cercanos se dieron varias victorias y otras tantas derrotas ajustadas. Antes corrían los que podían y no los mejores, pero cuando la representación argentina fue fuerte, los resultados obedecieron bastante a la lógica. Como este domingo.

Diego H. Mitagstein