Sostenido hace más de 20 años por el fondo de reparación, ahora un grupo de jockeys amenazó con no correr si no se cobra lo adeudado; el cambio de paradigma es misión de corto plazo para subsistir

Por Diego H. Mitagstein

El turf argentino hace años está en crisis. Que no termine por explotar no significa que las cosas vayan mal, pero en los últimos meses todo se volvió caótico. La temporada 2024 arrancó sin carreras en el Hipódromo de La Plata ante una medida de jockeys y entrenadores reclamando por el atraso en el pago de los premios, el valor de la monta perdida y cuestiones de seguridad.

Ahora, con un pedido similar, otro grupo de jinetes entabla el mismo reclamo pero en el Hipódromo de San Isidro, manifestándose a través de las redes sociales con distintas publicaciones sin “creadores”, pero que advierten sobre que esta tarde no habrá carreras en el circo del Jockey Club.

La comisión allí se expidió ayer mediante otro comunicado indicando que la jornada está confirmada y que competirán aquellos profesionales que se presenten a cumplir con sus compromisos. A ciencia cierta, nadie sabe qué sucederá finalmente, aunque el riesgo de que, cómo siempre, todo se anule sobre el pucho, es cierto y alto, con la consecuente pérdida para los propietarios, el que siempre termina perdiendo, en definitiva.

San Isidro, como La Plata, se excusó por la demora en la entrega de las recompensas en que la lotería provincial le adeuda lo correspondiente al fondo de reparación de los meses de octubre, noviembre y diciembre, y que ya se hizo un esfuerzo con fondos propios para no retrasarse aún más.

A la tardecita, desde el Jockey Club apareció otro comunicado, donde, de repente, había aparecido el dinero para cubrir los premios de las carreras desarrolladas hasta el 3 de diciembre último, es decir, con 45 días de retraso. En ese período, la inflación aproximada fue del 40 por ciento, con lo cual lo que vaya a cobrarse habrá perdido ese número en su valor nominal. Imposible.

En cuanto a lo reclamado por monta perdida y rentas diarias de seguro, ya se habría llegado a un acuerdo, siempre con apoyo en las palabras de San Isidro, mientras que se avisó que aquellos jockeys que no corran podrían ser sancionados, aunque en otras palabras.

La realidad es una: el turf en este formato asistencialista es inviable. Si el Hipódromo de San Isidro, o el que sea, es el encargado de organizar las carreras, debe cumplir y pagar los premios en tiempo y forma. Si un entrenador o un propietario se pasa 1 día en el pago de los boxes, corren intereses; pero para hacerse de un premio hay que esperar una eternidad. No es justo ni equitativo.

Tras más de 20 años, el fondo pasó de salvavidas a una bomba de tiempo, y queda claro que es un modelo del que no se puede depender más. Como la Argentina a nivel país, la hípica nacional debe producir y dejar de vivir de la ajena. 

Hace casi 4 meses que las pistas bonaerenses pincipales no aumentan los premios (se dice que La Plata subiría ahora un 30 por ciento, además del magro incremento que otorgó esta semana Palermo…), pero las pensiones no han dejado de subir y hoy una gran cantidad de las carreras que se disputan no alcanzan con su premio para cubrir un mes de mantenimiento; siempre y cuando se gane, porque, se recuerda, el 95 por ciento no gana…

El turf bonoaerense no tiene la posibilidad de contar con juego online ni commingle en el año 2024, un verdadero despropósito y del que los dirigentes tienen enorme responsabilidad, pues es su tarea lograr su implementación, que allá por mediados de 2020 estaba al caer. Hay boicot desde adentro y desde afuera, pero la realidad es una: si no se aumenta el caudal de apuestas, poco a poco la hípica irá desapareciendo.

Tampoco se llega a convenios con las diferentes provincias para que la enorme cantidad de juego no oficial llegue al totalizador, ni es posible bajar el altísimo nivel de retenciones, ni nada. Ni hablar de todo lo que hacen los hipódromos para que la gente no tenga ganas de ir o apostar en ellos. Otro temita que no puede dejarse de lado.

Del fondo casi 30 millones se destinaron en diciembre a distintas asociaciones, que han cobrado desde el día uno en nombre no se sabe de qué, mientras que un porcentaje enorme va al Hipódromo de San Isidro para obras e infraestructura. Da la sensación de que llegó el momento de que el 100 por ciento se destine a premios, cuando se cobre. 

O se encara una verdadera revolución, con una hípica unida en pos de los objetivos, o el camino tiene un final a la vista. El turf nacional no pueden seguir manejándolo únicamente los hipódromos, situación que no se da en ningún país fuerte en la materia. Debe haber un trabajo conjunto y un análisis mayor, más amplio y que permita otras miradas. Sino estaremos semana a semana pensando en si se corre o no; si hay un reclamo o no. La decadencia llegó y nadie puede negarlo, y en muchos aspectos, pensando que la pasión todo lo puede, aunque, como se ha dicho tantas veces, hasta la pasión tiene un límite…