Por Marcelo Durán, Periodista

Después de varios días en silencio, observando, analizando las diferentes fuentes de información y escuchando atentamente los contenidos de los grupos de whatsapp que integro, le pedí a Diego que, por favor, publicara esta nota de opinión.

Está claro que la cuarentena hay que cumplirla y respetarla.

Y lo hacemos.

Ahora bien, esta situación pasará en algún momento.

Mientras tanto, ¿qué ?

Porque hay angustia en la gente. Miedo, incertidumbre, dudas. El aislamiento es duro. Dispara la cabeza para cualquier lado. Estamos inmersos en situaciones absolutamente desconocidas.

Son tiempos difíciles, ideales para reflexionar y pensar profundo. De valorar todo. El vértigo del sistema, la avaricia, la soberbia hicieron que la humanidad se pegue semejante palo. Nos la pusimos en la pera, dirían los mas jóvenes.

Entendimos que este virus mortal no entiende de fronteras, de idiomas, religiones, estratos sociales, ni nada de lo que el sistema planteaba como válido. Nos dimos cuenta de la fragilidad del ser humano, de la finitud de la vida. Perdimos la libertad.

Ahora hay que recuperarla y ser mejores. Mejores personas. Mejores padres. Mejores de verdad.

Los que comemos todos los días y tenemos un lugar para cumplir cómodamente la cuarentena, tenemos la obligación de ayudar a los demás. A esa gente que no le tocó nacer en cuna de oro. A esos que no hablan varios idiomas. A esas personas que la voracidad del sistema dejó abajo del ring.

A los que tienen que levantarse cada mañana a buscar el sustento para sus familias sin más herramientas que sus manos. En la Industria hípica somos muchos.

¿Todos pueden esperar a que esto pase ? ¿Todos pueden comer ? ¿Cómo hace alguien que hasta hace pocos días trabajaba dignamente para sobrellevar esta realidad que nos toca vivir ?

Es obligación de nuestros líderes devolver la tranquilidad a esas familias. Ocuparse de revertir esta situación, pensando y aplicando las mejores estrategias posibles para el bienestar de todos. Vemos como cada “cacique” se recluye en su tribu e intenta resolver su problemática.

Cada hipódromo por su lado. Criadores con los haras explotados de potrillos sin vender. Propietarios vaciando studs para achicar costos. Jockeys entrenando en sus casas para mantenerse en estado. Entrenadores enfrentando el peor escenario. Peones, capataces, vareadores, serenos, toda la cadena productiva atada con un alambre a punto de cortarse. Veterinarios, empleados de hipódromos, periodistas, todos los que formamos parte de la industria hípica argentina tenemos las mismas sensaciones.

En la ciudad, en el campo, en cada provincia, todos sentimos lo mismo. Y acá está el punto: la unión. Usamos el nombre de industria hípica solo para explicarle a los de afuera. La actividad hípica está atomizada, siempre fuimos átomos girando alrededor del caballo. Cada sector buscando su mejor posicionamiento. ¡Basta ya!

Juntos es la manera. Dejemos de vendernos como industria hípica y actuemos como tal. Tiene que haber una entidad madre que nos nucleé a todos y cada uno de los sectores. 

Que haya representantes de cada sector (de todos, amigos y enemigos, simpáticos y no tanto, ricos y pobres) conformando el Directorio de la Industria y designando un equipo de trabajo profesional, 100 por ciento profesional.

No es mi intención que piensen igual, ni que hagan esto porque lo sugiero humildemente. Hay que hacerlo porque lo necesitamos todos. Nos conviene a todos. Si cuando termine esta pesadilla, cuando el virus sea un mal recuerdo, seguimos igual que antes, definitivamente no habremos entendido nada. Espero que estén bien y les mando un abrazo grande a todos y cada uno !!!

Ahora sabemos lo importante que es un abrazo…

Marcelo Durán