OSAF manifestó que evalúa opciones y sedes para la versión de 2025; los costos, la fecha y el premio son temas por resolver fundamentales; ¿Miami otra vez en el candelero?

Por Diego H. Mitagstein

Ante tribunas colmadas, en un enorme éxito organizativo, se vivió el domingo último la versión número 40 del Gran Premio Latinoamericano (G1), la única carrera de su tipo en el mundo y que encara ahora un terreno incierto por un lado, pero conocido por el otro: el de la supervivencia. Con el 1-2-3-5-6-7-8 conseguido en la pista por la delegación local, encabezados por un intratable Manyuz (USA-Run Away and Hide), ahora el futuro y qué sucederá es la gran pregunta que rodea al evento continental itinerante.

Pasada su primera vez en mucho tiempo sin Longines como auspiciante principal, todavía no se sabe cuando ni cómo volverá a entrar en acción el Latinoamericano, sensación que pisó terreno de más dudas tras la conferencia de prensa que se realizó el sábado último, donde el chileno Carlo Rossi, del Sporting de Viña del Mar y Vice Presidente de la Organización Sudamericana de Fomento del Pura Sangre de Carrera (OSAF), diseñadora y creadora de la prueba, expresó que no hay fecha todavía y que se barajan opciones, con el Hipódromo da Gávea, en Río de Janeiro, Brasil, como uno de los posibles postulantes a ser sede en 2025; al menos esa sería la intención del Jockey Club Brasileiro.

Los temas a tener en cuenta son varios, como los elevados costos de organización, el momento del año en que se lo ubique, el premio a ofrecer y dónde correr, en un cóctel con desarrollo enredado y que tiene algunas opciones, pero no tantas.

Quedó demostrado en Monterrico que sin una pista amigable por delante, el Latinoamericano carecerá de expectativa desde lo turfístico. No fue casualidad que haya habido capote local esta vez -de hecho, se esperaba-, con el brasileño L’Ente Supremo (Emcee) colgándose de una casi milagrosa cuarta chapa y el resto de los visitantes llegando a 100 metros.

No había enviados extranjeros de gran nivel entre los participantes, y Argentina ni siquiera pudo conseguir un propietario interesado en participar (con 300.000 dólares de bolsa en juego), lo que derivó en el papelón de por primera vez en los 40 años de la prueba de no tener un caballo en los partidores. 

La fecha será vital, y marzo parece ser el único mes en el que todo funcionó y funcionará bien, pues no colisiona con grandes carreras de cada país. Recordemos que el Latino 2024, por caso, se corrió 15 días antes del Gran Premio Republica Argentina (G1) de Palermo, y que octubre, el mes que se baraja, está a nada del Gran Premio Carlos Pellegriin (G1)… Al respecto, en 2020 se disputó en marzo; en 2021, en octubre, por la pandemia; en 2022 fue en abril; en 2023 en octubre; y en 2024 otra vez en abril. Así, imposible acomodar calendarios.

El premio a repartir también debe ser atractivo para no volver a problemas de otros tiempos. Sin plata va a costar el doble entusiasmar a los dueños a viajar -y por ende arriesgar-, y para eso se necesitarán sponsors. OSAF no cuenta con el dinero para cubrir la organización y disponer una recompensa tan fuerte como la que se repartió últimamente. 

La otra opción, y que ya varias veces estuvo sobre el tablero, aunque nunca llegando a final feliz, sería que se disputara en Gulfstream Park, Miami, Estados Unidos, como ocurrió con la Serie Hípica del Caribe, y con el Stronach Group como aliado. Allí se resolvería el tema de los costos, aunque el cambiar de hemisferio para competir y el posible acceo se ejemplares locales, no son vistos con buenos ojos por algunos de los miembros de OSAF.

¿Qué pasará entonces con el Latinoamericano? No hay todavía respuesta a ninguna de las preguntas existentes? Lo que sí hay es una decisión de tratar de salvar la carrera, lo que no es para nada menor. Con Longines como aliado tuvo el brillo que, salvo en sus comienzos, nunca había logrado. Pero ahora es una etapa diferente y que la dirigencia de OSAF tendrá el deber de encarrilar.