Muchísima gente cada carrera quedó sin poder jugar, ante una escasa cantidad de ventanillas y un juego online sin desarrollar

Por Diego H. Mitagstein

La del lunes en el Hipódromo Argentino de Palermo fue una de esas tardes que devuelven la esperanza, que nos hacen sentir a todos que la pasión por el turf no está muerta, que dotándolo de buenas carreras, atractivos y de la mano de caballos convocantes, el futuro se hace color de rosa.

Habitués con “canas bien canosas” decían: “La verdad que es todo incómodo, se complica caminar, comer algo, pero qué lindo es ver a Palermo, el viejo Palermo, lleno de gente disfrutando del espectáculo más más maravilloso de todos”. 

Cuanta razón en esas palabras, y que alegría grande produce saber que la gente puede seguir emocionándose frente a un espectáculo con siglos de antigüedad, que como tantas actividades sufre los vaivenes económicos, pero con la ventaja de poder sobrevivir de la mano de la pasión.

En el balance general, es imposible no decir que la gran reunión del República Argentina (G1) fue otra vez un éxito, ratificando su lugar como una de las grandes fiestas turfísticas de cada temporada, quizás en una línea ya con la del Nacional (G1) o la del Pellegrini (G1).

En la pista se pudo disfrutar de figuras prometedoras como los 2 años Rammel (Fortify) y Joy Rose (Fortify), de un maravilloso final en el Criadores donde Belleza de Arteaga (Cosmic Trigger) tapó en el disco a Super Shine (Super Saver), y de la consagración en la milla de un pingo bárbaro como Subsanador (Fortify), al que Federico Caracoche empuja desde el cielo.

Hubo un momento sublime de hermanad rioplatense con la enorme victoria de la campeona Girona Fever (Texas Fever) en el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires (G1), con el ¡Uruguay nomá’! resonando frente a la arena dorada porteña, ante el aplauso de una afición que sabe reconocer a los cracks.

Y, sin lugar a dudas, el instante mágico lo aportó ese pingo con todas las letras que es Miriñaque, al que por más que muchos sigan discutiendo, es por estos días la gran estrella de la hípica argentina, el caballo que se ganó el corazón del público, el único al que la gente va a ver a las carreras. Hace un tiempo los aplausos regaban cada salida de Strategos (Zensational); ayer nomás sucedía con Luthier Blues (Le Blues). Y ahora ese lugarcito especial lo ocupa del tordillo del Stud Parque Patricios. Sólo aplausos para el.

La tarde dejó una recaudación récord en pesos de casi 400.000.000 de pesos, pero fue allí donde estuvo una de las grandes deudas que quedaron. Palermo podría haber engrosado muchísimo más esa cifra de haber dispuesto de algunos lugares más para recibir apuestas. Fue una constante ver largas colas de aficionados quedándose sin poder jugar sus boletos, no menos de 30 ó 40 por gazebo por competencia.

Y es inevitable volver a caer en un viejo pedido que no se entiende cómo todavía no tiene eco. En el mundo las apuestas online son viejas, ya en otro nivel, pero aquí seguimos pidiendo porque sean implementadas en plenitud. Con Beturf, el centro capta apuestas desde aquellos titulares de cuentas que viene en la Ciudad de Autónoma de Buenos Aires, pero nada más. 

Es lo único de lo que se puede hablar en materia de apuestas virtuales para el turf, cuando en otros deportes, como el fútbol, las plataformas cuentan con todas las ventajas. Detenido en cajones ante gremios que no hacen más que poner piedras en el camino para el desarrollo grande de la actividad, y loterías que a esta altura van descaradamente “al bombo”, nosotros seguimos regalando la plata. Como si sobrara.