En su regreso a la actividad y a las pistas argentinas, el hijo de Campanologist estuvo intratable para ganar por 8 cuerpos

La clase y la categoría de Village King fue demasiado para los demás participantes del Clásico Progreso (G3-2400 m, césped), una de las tres carreras por encima del nivel común que integraron la jornada del último sábado en el Hipódromo de San Isidro. Ni la reprise, ni el regreso desde los Estados Unidos, ni la operación antes de volver en sus nudos, ni la distancia, ni el cambio de carácter, ni nada… Cuando hay calidad, todo se supera, y si hay mucha todo se supera de la forma en que lo hizo el zaino del Haras El Angel de Venecia.

Ganador del Gran Premio Jockey Club (G1) en 2017, temporada en la que se despidió para empezar a hablar en inglés quedando tercero en el Gran Premio Carlos Pellegrini (G1), el hijo de Campanologist transformó todas las contras en una gigantesca virtud, aprovechando al máximo las “ventajas” que recibió en el desarrollo.

Abierto, rápido asumió la punta y Brian Enrique estuvo perfecto “durmiendo” el reloj con parciales de 26s63/100, 52s94/100 y 1m18s10/100 para los 400, 800 y 1200 metros iniciales. Ante ese panorama, ya desde al curva no costaba nada hacerse a la idea de que adelante nada iba a cambiar. Y así fue, porque cuando llegó el derecho no hubo más para nadie. Village King sacó un par de cuerpos y, lejos de preocuparse por alguna atropellara que pudiera arreciar, amplió las diferencias hasta establecer 8 largos en la meta sobre Milione (Treasure Beach), uno de los que siempre vino cerca y que repitió la colocación que había alcanzado hace doce meses en esta misma competencia.

A 1 1/2 largo, el bueno de Global Big (Global Hunter) se colgó de la última chapa del podio, todo tras buenos 2m27s38/100, tras parciales complementarios de 1m41s41/100 para la milla y de 2m3s85/100 para los dos kilómetros, con el detalle para nada menor de haber rematado por debajo de los 24s. Last Corredor (Lasting Approval) y Global Poderoso (Global Hunter) completaron el marcador rentado.

Habiendo ganado el Red Smith Stakes (L), arrimado en algunos clásicos y midiéndose con nombres importantes en los Estados Unidos, lo de Village King tuvo bastante de lógica en el Clásico Progreso, más allá de todas las contras que se mencionaron. El Carlos Pellegrini es, obviamente, el objetivo, y pocos caballos pueden lucir mucho mejor que el zaino en este momento hacia el gran clásico del turf nacional.

Ya se sacó de encima la inactividad y ahora en el horizonte está la posibilidad del Gran Premio Copa de Oro (G1) como preparatorio, aunque está muy cerca en el calendario. Después de semejante regreso, sus allegados pueden sentarse a estudiar con toda la tranquilidad del mundo el futuro.

Criado por el Haras Santa María de Araras, Village King tiene por madre a la estadounidense Villard (Pleasant Tap), sin campaña de pistas, pero que también produjo al placé clásico View On the Top (Seattle Fitz) y a otros tres buenos ganadores. Su cuarta madre es la estupenda Discipline (Princequillo), una pinga durnate su campaña y parte de una familia de muy buen suceso.

Volvió Village King y volvió a lo bueno. Fue pura clase y categoría para despatarrar a sus rivales en el Clásico Progreso y darle a su gente la ilusión de tener revancha en el Pellegrini…