El galopador chileno sueña en grande con sus dos “regalones” de cara a la Breeders’ Cup

Contagia el entusiasmo de Peter Leiva Roman. Imposible no entusiasmarse con sus palabras, al escucharlo. El hombre que galopa todas las mañanas a los cracks Robert Bruce (Fast Company) y Wow Cat (Lookin At Lucky) en la caballeriza de Chad Brown tiene la ilusión de darle una alegría desde lejos a su pueblo, Chile, en la Breeders’ Cup que cada vez está más cerca. “Están muy bien y, si Dios quiere, voy a poder ofrecerle a mi gente una gran alegría”, cuenta desde el otro lado del teléfono el joven de 30 años, creyente al máximo y que espera para febrero próximo el nacimiento de su segundo hijo.

Oriundo de Viña del Mar, probó ser jockey pero los kilos hicieran que no pudiera continuar el curso. No se entregó y sabía que tenía que estar relacionado con la hípica, siguiendo los designios de la familia, con padre, abuelo y tío repletos de “tabuladas burreras”. Empezó a galopar para Luis Catena y Ximeno Urenda, y con ellos aprendió el oficio.

“Don Luis trabaja con montura y fue muy importante para poder llegar aquí la experiencia con él. Mi amigo Pablo Alegría se fue a los Estados Unidos y una vez allí me recomendó y me contactó con Linda Rice. Con ella trabajé en 2009 y entre 2010 y 2012. Volvió a Chile y en 2013 ya me instalé definitivamente aquí trabajando con Chad Brown”, cuenta con gentileza.

Hace memoria y dice: “No es fácil hacerse un lugar. Esos tiempos fueron duros. Cuando entré vareaba caballos bastante malos, generalmente los que tenían problemas de comportamiento. Hay que ganarse la confianza de los preparadores, mostrarles que uno puede hacerlo bien y que es responsable: ganarse el puesto. Di todo de mí y mis caballos respondían, así me pusieron sobre otros mejores luego”.

La pasión le sale por los poros a Peter. “Esto es mi vida. Lo vivo con muchísima intensidad”, repite cada ratito. Y se nota. “Si pierden mis caballos me pongo a llorar, porque yo monto para ganar; trabajamos para eso”, agrega.

Su primer G1 se lo dio Minorette (Smart Strike), en el Belmont Oaks (G1) de 2014 y desde allí se sucedieron muchísimas fotos importantes. “La verdad es que he tenido a mi cargo muchos caballos buenos. Big Blue Kitten (Kitten’s Joy); Flintshire (Dansili), Cloud Computing (Mclean’s Music), Beach Patrol (Lemon Drop Kid)… Dios me ayudó siempre mucho”, repasa.

Su relación con Robert Bruce y Wow Cat no fue casual, sino totalmente buscada; Peter “encaró” a sus “compatriotas” como a esas chicas de las que uno puede enamorarse a simple vista en una disco. “Yo siempre me quedo en New York, pero este año fue a Florida y cuando me enteré que vendrían le pedí a Chad poder montarlos y tenerlos a mi cargo”.

Simpático, Leiva cuenta secretos de Wow Cat: “No fue fácil su aclimatación; no es fácil ella. Generalmente a las yeguas les cuesta hacerse un poco más que a los machos, al menos en lo que a mi experiencia respecta. A mí me gusta mucho para 2000 metros o más, porque no tiene un gran golpe de velocidad, pero sí la capacidad de seguir corriendo parejo siempre. La monto todos los días y espero que el desarrollo movido que se pueda dar en el Distaff le venga bien. Le tengo mucha fe”.

Luego llega el momento de Robert Bruce, y su ilusión es similar: “Su partida de esta semana fue impresionante; están cien puntos. El día que perdió en New York tuvo un ‘zapatazo’ en su mano izquierda y cuando le cambiaron las herraduras tenía sangre acumulada. Tenemos toda la esperanza con él para el Turf, aunque la lluvia no nos conviene y dicen que habrá agua”. Leiva tendrá ademas en la serie a Standard Deviation, un hijo de Curlin que animaría el Juvenile (G1) y con el que advierte que puede dar el golpe.

¿Cómo es trabajar con un preparador top como Chad Brown? Peter lo cuenta: “Es un hombre muy exigente, que ponía mucha presión, aunque ahora está mucho más tranquilo. Confía mucho en su gente, en su equipo, y nos deja hacer las cosas con bastante libertad si seguimos sus instrucciones. Si el dice liviano, nosotros conocemos los caballos y hacemos liviano; no se puede fallar. Somos 6 ó 7 galopadores estables, y luego están los jockeys que vienen a trabajar y, por ejemplo, cuando hacemos a la par, nos manda por dentro a nosotros para manejar el ensayo y los tiempos. Hay que responderle trabajando con todo”.

Peter Leiva viajará en unos días hacia Churchill Downs desde la base en Belmont Park para darle el toque final desde las riendas a sus “regalones” Robert Bruce y Wow Cat, con la enorme ilusión de conseguir dos triunfos inolvidables pero, por sobre todo, de darle una alegría al pueblo chileno; de hacerlos felices.

Diego H. Mitagstein