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Altair Domingos, de volver de la nada a buscar el Latino: el regreso que emociona

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura

El brasileño vuelve a la escena internacional en Monterrico con Olympic Oman, en una historia de superación que atraviesa al Gran Premio Latinoamericano


Altair Domingos ganando en Palermo; un jockey excepcional / JUAN I. BOZZELLO
Altair Domingos ganando en Palermo; un jockey excepcional / JUAN I. BOZZELLO

Por Diego H. Mitagstein

Hay regresos que se explican con resultados. Y hay otros, mucho más profundos, que se entienden desde el alma. El de Altair Domingos pertenece claramente a este segundo grupo.

El próximo 26 de abril, en el Hipódromo de Monterrico, el jockey brasileño volverá al plano internacional en el Gran Premio Latinoamericano (G1), marcando mucho más que una simple participación: será, en esencia, el relanzamiento de una carrera que estuvo al borde de desaparecer.

Porque Domingos volvió. Pero no volvió fácil. “Quedé casi 5 años parado, pero sin montar un caballo. No es que estaba vareando… cinco años sin subir”, cuenta en la entrevista que concedió a Objetivo Latino, el programa que se emite por la señal Global Media Turf, todavía con ese tono entre incredulidad y orgullo que lo acompaña desde que decidió desafiar lo que parecía definitivo.

Su historia es conocida, pero no por eso menos impactante. Un accidente en Palermo, con un golpe muy fuerte en la cabeza y secuelas en la visión, derivó en un retiro prácticamente obligado. El diagnóstico fue claro. La realidad, dura. Y la decisión, inevitable. Hasta que dejó de serlo.

“No estoy acostumbrado a quedarme en casa, sin trabajar. Me estaba volviendo loco… y estaba volviendo loca a mi familia también”, confiesa, dejando al descubierto el verdadero motor detrás de su regreso.

Ese fuego interno, ese que sólo entienden los jockeys, fue el que lo empujó de nuevo al ruedo. Volver desde cero… y sin excusas El regreso no tuvo épica en el inicio. Tuvo sacrificio.

Altair pesaba 64 kilos, muy lejos del peso de competencia. “Me saqué todo trotando. Cero medicamento, sólo comida controlada y entrenamiento”, resume, como si fuera una anécdota más y no una batalla diaria contra su propio cuerpo. Mes y medio después de empezar a montar otra vez, ya estaba corriendo. Y ganando.

“Lo que me preocupaba era hacer papelón. No podía volver para eso”, dice, con esa honestidad brutal que lo caracteriza. Hoy, con más de un año de actividad encima, y varios triunfos clásicos, incluso de G1, no duda: “Me siento diez puntos”.


Monterrico, el nuevo punto de partida

El Latinoamericano aparece entonces como un símbolo perfecto. No sólo por lo que representa la carrera en sí, sino por el contexto. “Para mí es todo nuevo. Es como debutar otra vez”, reconoce, con una sonrisa que se adivina incluso sin verlo.

Montará a Olympic Oman (Camelot Kitten), un caballo que conoce bien de vista y del que tiene buenas referencias, aunque sin caer en exageraciones: “No es un Obatayé, pero es un caballo macanudo, que repite las carreras”, analiza, ubicándolo en una escala realista dentro del exigente panorama que encontrará en Perú.

Incluso ya empezó a jugar el Latino desde lo táctico. Observador, estudioso, entiende que Monterrico puede marcar diferencias: “El derecho es corto, la carrera se define en el codo. El que entra bien colocado, define”, explica, con mirada de jockey hecho y derecho.

Domingos no es un jockey más. Su campaña en Argentina lo puso entre los mejores de su generación, compitiendo mano a mano con figuras como Pablo Falero, Edwin Talaverano o Jorge Ricardo. Y lo sabe.

“No pensé que iba a ganar tantos G1 como gané en Argentina”, admite, con una mezcla de sorpresa y gratitud. También sabe lo que significa volver a este nivel. Por eso su presencia en el Latino no es un dato más. Es una historia en sí misma. Una de las que le dan sentido a la carrera.

En el medio, claro, quedan cuentas pendientes. Especialmente con la Argentina, donde todavía no pudo volver a competir por cuestiones legales y administrativas que siguen sin resolverse.

Pero hoy, al menos por un momento, eso queda en segundo plano. “Yo no quería plata, quería volver a correr”, repite, como si fuera un mantra.

Y lo logró.Por eso, cuando se suba en Monterrico, no será simplemente un jockey más en la gatera. Será alguien que ya ganó la carrera más difícil de todas.

La de volver.

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