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Don Logrado galopó más firme para llevarse el Clásico General Pueyrredón

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • hace 14 horas
  • 2 min de lectura

El hijo de Fortify, reservado del Haras San Benito, respondió a su enorme favoritismo sobre los 3000 metros de césped



Cuando los participantes del Clásico General Pueyrredón pasaron por primera vez frente al disco, había más gente en las tribunas del Hipódromo de San Isidro, que adentro de los salones.

Convengamos que tampoco fue una multitud la que acudió en un frío viernes al norte, pero las curiosidades que trae cada edición de la carrera más larga del calendario nacional, incluyen esa particularidad. Es lo mismo que cuando se largan las carreras de 2500 metros en el Hipódromo de Palermo.

Aquí, la misión incluye 3 kilómetros de recorrido, donde la sal del turf aflora al máximo. La capacidad de un caballo para la exigencia (por suerte la pista estaba buena), la habilidad de un entrenador para prepararlo de la mejor forma, la clase de un jockey para manejar los ritmos y el aporte de la cría y la genética, siempre indispensable.

En tiempos donde las competencias en distancias superiores a los 2000 metros están en discusión, el Pueyrredón dejó en claro que es una de las categorías que más disfrutan todos dentro del maravilloso mundo del turf. En vez de ir para atrás, hasta habría que potenciarla.

En la pista, la lógica se hizo presente y el gran favorito Don Logrado consiguió una aplastante victoria, continuando con la curva ascendente en su rendimiento y derrotando por 4 cuerpos a la yegua Playa Chopera (Treasure Beach), a la que dominó al promediar la recta final.

Reservado del Haras San Benito,  y con Brian Enrique en sus riendas, el hijo de Fortify demoró 3m15s55/100 en recorrer la distancia y es preparado por Carlos D. Etchechoury, que viene dominando en los dos hipódromos principales del país cuando de stayers adultos se trata.

Don Logrado, que ahora suma 4 primeros en 9 salidas y sin caerse nunca del podio, es hijo de Loufoque (Malibu Moon), importada desde los Estados Unidos por Andrés Basombrío y con una de las familias representativas de los Phipps.

Ocurre que su madre es nieta de la formidable Heavenly Prize (Seeking the Gold), múltiple ganadora de G1 y vientre del no menos destacado Pure Prize (Storm Cat), padrillo de renombre aquí.



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