El fin de una era: murió Grand Reward, el último padrillo residente en el Haras La Quebrada
- Turf Diario

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El hijo de Grand Reward, que tenía 25 años, produjo 7 ganadores de G1, entre ellos, Sassagoula Springs, Chuck Berry, El Consorte, Bellagamba y el notable Angiolo

Por Diego H. Mitagstein
No fue un relincho cualquiera el que se apagó en las pasturas del Haras La Quebrada hace un par de días; fue el eco de una genealogía que parecía diseñada por los dioses del turf. La muerte de Grand Reward, a sus 23 años, marca el fin biológico de un padrillo excelente, que pudo haber sido mucho mejor si no hubiera llegado al país justo cuando la histórica cabaña empezaba a dar sus últimos pasos.
Hijo de los colosos Storm Cat y Serena’s Song (Rahy), este zaino no llegó a las praderas de Pilar para ser un nombre más en un catálogo de ventas. Su arribo fue una declaración de principios de la familia Ceriani Cernadas: la búsqueda de la excelencia absoluta. Y él, con esa nobleza que solo poseen los elegidos, respondió con creces. No solo produjo grandes caballos, sino que proveyó a los propietarios de muchísimos ejemplares nobles, rendidores, divertidos.
Si algo definía a los hijos de Grand Reward, era esa capacidad de poner el corazón en el disco. No eran solo rápidos; eran atletas con una resiliencia inusual. En las mañanas de vareo y en los fines de semana de grandes clásicos, ver un descendiente suyo era garantía de una entrega total.
Ganador en los Estados Unidos de 4 competencias, incluido el Oaklawn Handicap (G2), supo también cumplir una primera campaña más que positiva en Europa, finalizando segundo en el Mill Reef Stakes (G2), en el Tetrarch Stakes (G3) y el Testimonial Stakes (L), o tercero en el Gimcrack Stakes (G2) y en el Renaissance Stakes (G3).
Grand Reward llegó a la Argentina en el invierno de 2011 y, una vez que sus crías llegaron a los hipódromos, las estadísticas lo situaron durante años en la cúspide, peleando mano a mano con los mejores del mundo establecidos en el país.
Con el sello de la versatilidad, logró lo que pocos: producir varios ganadores de G1, tanto en el vértigo de la recta como en el rigor de la distancia, demostrando que su genética era maleable y poderosa.
Por allí aparecen la inolvidable Sassagoula Springs, campeones como Bellagamba, Legión de Honor; un titular de la Polla de Potrillos (G1) como Chuck Berry y otros notables ejemplares como El Consorte, City Wonder o Angiolo, su mejor continuador, destacándose también en la reproducción.
City Glam, La Comulganta, Che Micky, Misael, La Hilary, La Cabanel, Mina Pirquitas, Sweet Beauty, Manipuler, El Bosco son otros nombres destacados de su producción, que cuenta hasta el momento con 43 ganadores clásicos en el país, 19 de grado y 7 de G1.
Hoy, su nombre es sinónimo de seguridad en los pedigrees como abuelo materno, asegurando que su influencia se diluya gratamente en las próximas décadas. En esa faceta destacan: Sweet Days (Exchange Rate), Gran Peten (Peten Itza), Pablinho (Hurricane Cart), La Gran Furtiva (South Kissing), Citana (Endorsement) o Suffok (Forge), entre otros.
Grand Reward era la estampa del caballo perfecto: equilibrado, de mirada inteligente y una prestancia que obligaba a detenerse a cualquier visitante. Su box, ahora silencioso, guarda el recuerdo de miles de historias, de ilusiones que nacieron con cada potrillo que asomaba la cabeza al mundo bajo su linaje.
La historia dirá que Grand Reward fue el último padrillo en dejar el Haras La Quebrada, concluyendo una historia -al menos por ahora- de décadas de cracks inolvidables. El zaino puso su granito de arena para que la cabaña de los Ceriani Cernadas fuera tan grande.





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