St Leger: 250 años de una carrera que se volvió eterna

El Classic más antiguo del mundo celebra este sábado en Doncaster dos siglos y medio de historia; nacido casi por casualidad en 1776, fue modelo para pruebas en todo el planeta y consagró a varios de los mejores caballos de todos los tiempos

Por Diego H. Mitagstein
Todo comenzó con una potranca que ni siquiera tenía nombre. El 24 de septiembre de 1776, en Cantley Common, se impuso en una carrera sobre 2 millas anunciada modestamente como A Sweepstake of 25 Guineas. Pertenecía a Charles Watson-Wentworth, segundo Marqués de Rockingham, y recién después de aquella victoria sería bautizada Allabaculia (Sampson). Sin saberlo, acababa de abrir el primer capítulo del Classic más antiguo del mundo.
Este sábado, exactamente 250 años después de aquella experiencia inicial, Doncaster volverá a detenerse alrededor del St Leger. Ya no habrá una competencia improvisada ni una ganadora anónima, sino un G1 reconocido en todos los rincones del planeta, cierre de la Triple Corona inglesa y guardián de una tradición que sobrevivió a guerras, cambios de escenario, revoluciones sociales y profundas transformaciones dentro del propio turf.
La idea original había partido de Anthony St Leger, oficial del ejército, político y apasionado por las carreras, cuya residencia se encontraba cerca de Doncaster. Sin embargo, la prueba no llevó inmediatamente su apellido. Recién en 1778, durante una cena celebrada en el Red Lion Inn, se discutió la necesidad de encontrarle un nombre definitivo.
La primera propuesta fue llamarla Rockingham Stakes, en homenaje al propietario de Allabaculia y anfitrión de aquella reunión. Pero el propio Marqués de Rockingham rechazó el reconocimiento y sugirió distinguir a su amigo Anthony St. Leger. Así nació una denominación que terminaría atravesando fronteras y convirtiéndose en una de las más reconocibles de la hípica mundial. Ese mismo año, la carrera fue trasladada a Town Moor, el escenario de Doncaster que todavía hoy la recibe.
Nadie podía imaginar entonces que aquella reunión entre amigos terminaría dando origen a una de las instituciones más importantes del deporte mundial. Mucho menos, que su nombre viajaría a cada rincón del planeta. Irlanda, Francia, Alemania, Italia, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y buena parte de Sudamérica tuvieron o conservan su propio St Leger, adaptado a las características de cada calendario. Fue, sencillamente, una carrera que se convirtió en modelo.
La historia del clásico se confunde con la de la Triple Corona. West Australian (Melbourne) fue, en 1853, el primero en completar la serie de 2000 Guineas, Derby y St Leger. Después lo imitaron nombres extraordinarios como Gladiateur (Monarque), Lord Lyon (Stockwell), Ormonde (Bend'Or), Common (Isonomy), Isinglass (Isonomy), Galtee More (Kendal), Flying Fox (Orme), Diamond Jubilee (St Simon), Rock Sand (Sainfoin), Pommern (Polymelus), Gay Crusader (Bayardo), Gainsborough (Bayardo), Bahram (Blandford) y Nijinsky (Northern Dancer).
Este último, preparado por Vincent O’Brien y conducido por Lester Piggott, concretó la hazaña en 1970 y continúa siendo el último campeón de la Triple Corona inglesa. Desde entonces, el cambio de prioridades en la selección y la cría hizo cada vez más infrecuente que un ganador clásico sobre la milla y los 2400 metros fuera llevado hasta los 2921 del St Leger. Camelot (Sadler's Wells) estuvo cerca de romper el maleficio en 2012, pero, después de imponerse en las 2000 Guineas y el Derby, terminó segundo de Encke (Kingmambo) en Doncaster.
Las potrancas también escribieron páginas inolvidables. Formosa (Buccaneer), Hannah (King Tom), Apology (Adventurer), La Fleche (St Simon), Sceptre (Persimmon), Pretty Polly (Gallinule), Sun Chariot (Hyperion), Meld (Alycidon) y Oh So Sharp (Kris) lograron la versión femenina de la Triple Corona. Sceptre, además, fue capaz de ganar cuatro clásicos en 1902, mientras que Oh So Sharp, bajo la preparación de Henry Cecil, se convirtió en 1985 en la última en completar la serie de 1000 Guineas, Oaks y St Leger.
Por la lista de ganadores pasaron también figuras como Touchstone (Camel), Iroquois (Leamington) -el primer caballo criado en los Estados Unidos que venció en un Classic británico-, Bayardo (Bay Ronald), Swynford (John Ogaunt), Tracery (Rock Sand), Solario (Gainsborough), Hyperion (Gainsborough), Windsor Lad (Blandford), Alycidon (Donatello), Never Say Die (Nasrullah), Ballymoss (Mossborough), St. Paddy (Aureole), Roberto (Hail to Reason), Bustino (Busted), Dunfermline (Royal Palace), Reference Point (Mill Reef), Oh So Sharp, Milan (Sadler's Wells), Conduit (Dalakhani) y Hurricane Lane (Frankel). Cada época encontró allí a uno de sus grandes fondistas, aunque algunos campeones de enorme fama no se animaron a aceptar semejante desafío.
Los récords también hablan de otra dimensión. Bill Scott conserva desde el siglo XIX el liderazgo entre los jockeys, con nueve victorias obtenidas entre 1821 y 1846. Su hermano John Scott domina ampliamente entre los entrenadores con 16, mientras que el noveno Duque de Hamilton encabeza a los propietarios con siete.
Entre las marcas más curiosas aparece la de Theodore (Woful), ganador en 1822 pagando 200-1, la cotización más elevada de la historia. En el extremo opuesto está Galtee More (Kendal), que en 1897 partió a apenas 1-10. Never Say Die logró en 1954 la mayor diferencia, con 12 cuerpos, y Logician (Frankel) estableció en 2019 el mejor registro sobre el trazado actual de Doncaster: 3m0s27/100. El lote más numeroso fue el de 1825, cuando participaron 30 ejemplares.
El St Leger tampoco se rindió ante las guerras ni ante los problemas externos. Cuando Doncaster no estuvo disponible fue trasladado a escenarios como Newmarket, Thirsk, Manchester, York o Ayr, manteniendo viva una tradición que atravesó reinados, revoluciones industriales, conflictos mundiales y profundos cambios en la sociedad y en el propio turf.
Su vigencia, sin embargo, no depende solamente de la antigüedad. En una época en la que la velocidad ganó terreno en la selección genética y comercial, el St Leger continúa defendiendo una virtud esencial del caballo de carrera: la resistencia. Para ganarlo no alcanza con durar. Es necesario tener categoría, equilibrio, corazón y conservar velocidad después de casi tres kilómetros.
Aidan O’Brien es quien mejor entendió el clásico en los tiempos modernos. Desde Milan, en 2001, hasta Scandinavia (Justify), vencedor en 2025, el entrenador de Ballydoyle acumuló nueve triunfos. El último llegó con Tom Marquand en las riendas, prolongando la influencia de Coolmore en una carrera que supo adaptarse a cada etapa sin perder su identidad.
Este sábado, cuando los partidores se abran sobre el césped de Town Moor, no se correrá solamente por un nuevo G1. Estarán presentes Allabaculia, Anthony St. Leger, West Australian, Ormonde, Nijinsky, Oh So Sharp y cada uno de aquellos campeones que ayudaron a construir una leyenda irrepetible.
Dos siglos y medio después de aquella modesta apuesta de 25 guineas, el St. Leger sigue allí, firme e imponente. Mucho más que una carrera. Un monumento vivo a la historia del turf.





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