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Yamandú Orsi y una señal que en la Argentina todavía se espera

Foto del escritor: Turf Diario
Turf Diario
hace 16 horas
3 min de lectura

El presidente uruguayo estuvo en Maroñas, presenció el Gran Premio Presidente de la República y entregó las copas, pero su mensaje fue mucho más importante: ratificó el respaldo del Estado a una industria que en Uruguay se sostiene como política de largo plazo



MONTEVIDEO, Uruguay (Especial para Turf Diario).- La presencia de Yamandú Orsi el último domingo en el Hipódromo Nacional de Maroñas excedió ampliamente el marco protocolar. El presidente uruguayo asistió a la reunión, presenció el Gran Premio Presidente de la República (G3) y fue el encargado de entregar las copas, en una jornada que volvió a exhibir la estrecha relación que existe en ese país entre el Estado y la actividad hípica.

Más allá de las imágenes y de la formalidad, lo más importante estuvo en sus palabras. En declaraciones recogidas por Ovación, Orsi fue contundente respecto de la voluntad de su gobierno de continuar respaldando al turf, destacando su importancia como generador de trabajo y como parte de una cadena productiva que moviliza a miles de personas.

No se trató de una expresión de compromiso aislada ni de una promesa lanzada al pasar. Sus conceptos ratificaron un rumbo que Uruguay viene sosteniendo desde hace años y que no se modifica cada vez que cambia el signo político de quien ocupa la Presidencia. Administraciones del Frente Amplio y del Partido Nacional entendieron que la hípica es mucho más que el espectáculo de las carreras y mantuvieron una línea de acompañamiento que permitió recuperar Maroñas, desarrollar el Sistema Integrado Nacional de Turf y fortalecer la actividad en diferentes puntos del país.

Orsi, perteneciente al Frente Amplio, tomó la posta del gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou sin que ese cambio representara una ruptura para el sector. Por el contrario, su visita y sus declaraciones dejaron en claro que existe una mirada común sobre el valor económico, laboral, social y cultural del caballo de carrera. En Uruguay podrá discutirse cuánto falta, qué aspectos deben mejorarse o cuáles son las próximas metas, pero no parece estar bajo cuestionamiento la necesidad de que el Estado y la hípica avancen juntos.

La comparación con la Argentina resulta inevitable y, también, dolorosa. De este lado del ancho Río de la Plata sobran discursos acerca del valor del deporte, de los puestos de trabajo que genera alrededor del país y de su relación con el campo, la producción y las economías regionales. Sin embargo, esas palabras rara vez se convierten en políticas coordinadas, previsibles y duraderas.

El Fondo de Reparación para la actividad hípica de la provincia de Buenos Aires permitió sostener buena parte del sistema y sigue siendo una herramienta indispensable para San Isidro, La Plata, Azul, Tandil, Dolores  y numerosos trabajadores. Pero, aun con su enorme importancia, no alcanza para hablar de una política nacional. Palermo transita por un camino diferente; las provincias enfrentan realidades desiguales y muchas veces críticas; y la cría, las carreras, la exportación y la formación laboral aparecen como compartimentos separados, sin una mesa en la que el Estado y los actores privados puedan diseñar un proyecto común.

Mientras Uruguay exhibe continuidad más allá de las diferencias partidarias, en la Argentina el turf suele quedar librado a esfuerzos individuales, soluciones parciales y la capacidad de resistencia de sus protagonistas. No falta potencial ni tradición. Tampoco faltan profesionales, inversiones o caballos capaces de competir con éxito en cualquier lugar del mundo. Lo que falta es decisión política para reconocer a la hípica como una verdadera industria.

La visita de Yamandú Orsi a Maroñas dejó una fotografía potente: el presidente de un país acompañando una de sus actividades tradicionales y comprometiendo la continuidad del respaldo estatal. No fue solamente entregar una copa. Fue hacer visible una política. Exactamente la señal que el turf argentino lleva demasiado tiempo esperando.

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