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Candy Ride, elevado al Olimpo genético: Argentina suma otro Jefe de Raza

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • hace 5 minutos
  • 4 Min. de lectura

El crack del Haras Abolengo fue incorporado como chef-de-race por el Dr. Steven Roman, consolidando un legado extraordinario que combina velocidad, clase y proyección global



Por Diego H. Mitagstein

Por historia, por resultados y por influencia, lo de Candy Ride ya no admite discusión. Pero ahora, además, tiene el respaldo formal de la genética: el extraordinario caballo criado en el Haras Abolengo fue incorporado recientemente al selecto grupo de los chefs-de-race, según la actualización realizada por el Dr. Steven Roman y publicada en PedigreeQuery, un reconocimiento reservado únicamente para aquellos padrillos capaces de moldear el futuro del SPC.

La distinción no es menor. Candy Ride se transforma en el cuarto Jefe de Raza argentino, uniéndose a tres nombres fundamentales en la historia del turf mundial: Congreve (Copyrigh) (categoría Intermediate, 7 a 9 furlongs), Forli (Aristophanes) (Classic) y Sideral (Seductor) (Classic). En su caso, la clasificación dentro de las categorías Brilliant (4 a 6 furlongs) y Classic (10 a 12 furlongs) habla de una amplitud genética pocas veces vista, capaz de abarcar desde la velocidad pura hasta la resistencia clásica.

Su ingreso se da, además, dentro de una camada de nuevos chefs-de-race de enorme jerarquía, donde aparecen padrillos de impacto global como Distorted Humor (Forty Niner), Into Mischief (Harlan's Holiday), English Channel (Smart Strike), Alleged (Hoist the Flag), Empire Maker (Unbridled), Elusive Quality (Gone West), In Excess (Siberian Express), More Than Ready (Southern Halo), Munnings (Speightstown), Rubiano (Fappiano), Speightstown (Gone West), Unbridled’s Song (Unbridled), Tiznow (Cee's Tizzy), Street Cry (Machiavellian), Uncle Mo (Indian Charlie), Scat Daddy (Johannesburg), Quality Road (Elusive Quality), Dynaformer (Roberto), Kitten’s Joy (El Prado) y Quiet American (Fappiano), lo que dimensiona aún más la relevancia del logro.

Si bien su legado como reproductor es el que lo catapulta definitivamente a esta categoría, la base de todo fue una campaña en las pistas tan breve como inolvidable. Candy Ride corrió apenas 6 veces, pero ganó en todas, acumulando US$724.800 y dejando dos récords que todavía resuenan.

A los 3 años, tras consagrarse como Campeón Millero en la Argentina en 2002, se despidió del país ganando el Gran Premio Joaquín S. de Anchorena (G1) en San Isidro con un tiempo de 1m31s1/100 para la milla, récord mundial en ese momento. Ese mismo año también había conquistado el Gran Premio San Isidro (G1), confirmando su supremacía en el césped.

Ya en los Estados Unidos, y bajo el entrenamiento de Ron McAnally, elevó aún más la vara. En 2003 se adueñó del American Handicap (G2) en Hollywood Park y firmó una actuación monumental en el Pacific Classic (G1) de Del Mar, donde paró el reloj en 1m59s11/100 para los 2000 metros, estableciendo un récord de pista, y venciendo a Medaglia D'Oro (El Prado). Aquella performance le valió una calificación de 127 libras en las clasificaciones Internacionales, quedando apenas 6 libras por debajo del mejor caballo del mundo (Hawk Wing) y empatando como el mejor ejemplar sobre arena en su categoría.

Como dato adicional que habla de su dimensión, su Beyer Speed Figure de 123 en el Pacific Classic fue el más alto registrado en los Estados Unidos durante toda la temporada 2003. Su retiro fue prematuro, producto de una lesión en un ligamento del nudo, pero su huella ya estaba marcada.

Cuando ingresó a la reproducción en 2005, primero en Hill ‘n’ Dale Farm y luego en Lane’s End, las expectativas no eran tan altas. El recuerdo de otros sudamericanos destacados -como Gentlemen (Robin des Bois), Siphon (Itajara) o Sandpit (Baynoun)- que no habían logrado trasladar su talento a la cría generaba dudas.

Candy Ride se encargó de desmentirlas todas. Con el paso de los años se transformó en uno de los padrillos más influyentes de Norteamérica. Lideró la estadística general en 2017 y 2018, fue 4° en 2016, 5° en 2014 y 2015, 6° en 2019 y 8° en 2020, además de encabezar la estadística por número de carreras ganadas en 2015 y la de padrillos de 2 años en 2018.

Su producción se caracterizó por la versatilidad: caballos eficaces en arena, césped y superficies sintéticas, con aptitudes que van desde la milla hasta las distancias clásicas, aunque con un fuerte sello en el rango de los 1400 a los 2000 metros. Transmitió velocidad, atletismo y una marcada voluntad competitiva, aunque también dejó como rasgo heredado sus pies pequeños.

La lista de sus hijos destacados es tan extensa como contundente: Gun Runner, Shared Belief, Game Winner, Vekoma, Rock Your World, Mastery, Twirling Candy, Sidney’s Candy, Separationofpowers, Hit Show, entre muchos otros, consolidan su condición de formador de campeones.

Pero su influencia no se detiene ahí. Como abuelo materno también dejó una huella profunda, con nombres como Epicenter (Not This Time), Search Results (Flatter), Chocolate Gelato (Practical Joke), Strategos (Zensational), Cima de Areco (Cima de Triomphe), o, más freso todavía, Butterfing (Angiolo), demostrando que su impacto atraviesa generaciones.

Su afinidad con líneas maternas de Storm Cat (Storm Bird) fue otro de los puntos fuertes dentro de su producción, generando cruces especialmente exitosos.

Desde lo genealógico, Candy Ride presenta un dato poco común: es completamente outcross en 5 generaciones, lo que amplía enormemente sus posibilidades de combinación.

Hermano completo de Candy Cane, es además medio hermano de la ganadora de G3 Candy Apple (Halo Sunshine); de la G3 sudafricana Candy Singer (Singspiel); y del invicto Cosmic Trigger (Lizard Island), uno de los padrillos más destacados de la actualidad en Argentina. Su madre, Candy Girl (Candy Stripes), es hermana completa del clásico City West y pertenece a una familia que ha producido múltiples ganadores de grupo en la Argentina, consolidando una línea materna de enorme consistencia.

Incluso antes de debutar oficialmente, Candy Ride ya tenía fama. Había competido en las tradicionales carreras cuadreras”, acumulando experiencia y construyendo una reputación que luego confirmaría en los máximos niveles.

Físicamente, es un caballo equilibrado, atlético y de gran coordinación, con 16 manos y media de alzada, características que también trasladó a buena parte de su descendencia.

La designación como chef-de-race no solo consagra a Candy Ride, sino que también reafirma el valor de la cría argentina en el contexto global. Su nombre se suma a una élite reducida, donde cada integrante representa una pieza clave en el desarrollo del pura sangre moderno.

Porque si algo define a un Jefe de Raza no es solo lo que hizo en la pista, sino lo que dejó después. Y en ese sentido, Candy Ride ya no pertenece únicamente al recuerdo: pertenece a la historia grande del turf mundial.

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