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Gluck, el campeón que hizo de la vigencia su mayor victoria

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    Turf Diario
  • hace 7 horas
  • 4 min de lectura

Dos veces Caballo del Año en Perú, ganador de G1 y protagonista durante más de cuatro temporadas, el notable hijo de Koko Mambo fue retirado por un problema en una mano; deja una huella profunda en Monterrico y el recuerdo de un fondista que siempre supo regresa



Por Néstor Obregón Rossi

LIMA, Perú (Especial para Turf Diario).- Gluck ya no volverá a correr. A los 7 años, y después de una extensa campaña que lo mantuvo durante más de 4 temporadas entre los principales fondistas de Monterrico, el notable hijo de Koko Mambo fue retirado del entrenamiento por un problema en una de sus manos.

Durante algún tiempo existió la esperanza de que pudiera recuperarse y disputar algunas carreras más. Sin embargo, prolongar su trayectoria significaba exigir demasiado a un caballo que ya había entregado muchísimo. La decisión, aunque dolorosa, aparece como la más lógica: Gluck no tenía absolutamente nada más que demostrar.

Criado por el Haras San Pablo, el hijo de Musical Prodigy (Bernstein) fue adquirido en apenas US$ 9000 para defender los colores del Stud Santa Rosa, de José Soyer, que además terminó haciéndose cargo de su preparación. Desde su estreno, a mediados de 2022, dejó en claro que no era uno más: ganó por 12 cuerpos sobre 1500 metros y mostró condiciones fuera de lo común.

Su campaña juvenil estuvo marcada por los cruces con Paradigma (Power World), compañero de crianza en San Pablo y futuro Triple Coronado. Gluck no participó en la Polla de Potrillos (G1), pero llevó al crack hasta el límite tanto en el Ricardo Ortiz de Zevallos (G1) como en el Derby Nacional (G1). Fue segundo en ambas coronas, primero a 3/4 de cuerpo y luego tras otra definición intensa, comenzando a consolidar una rivalidad inolvidable.

En 2023 empezó a transformarse en un caballo adulto de primer nivel. Ganó La Copa (G2), superando a Nuremberg (Southdale) y dejando tercero a Paradigma, aunque este volvió a vencerlo poco después en un Asociación de Criadores reducido a un mano a mano. Aquel sería un dato especialmente significativo: de los cuatro match que Gluck disputó durante su trayectoria, fue el único que perdió.

Cuando todo parecía encaminado, un fuerte cuadro de dermitis puso en riesgo su vida. Durante semanas, las carreras dejaron de ser una prioridad. Lo importante era salvarlo. Gluck superó aquel trance y no regresó simplemente para cumplir: volvió a competir en el máximo nivel y cerró la temporada consagrado como Caballo del Año y Campeón Adulto.

Su capacidad para levantarse volvería a quedar expuesta en 2024. Tras imponerse por segunda vez en el Ciudad de Lima (G2), tuvo una actuación deslucida en el Gran Premio Latinoamericano (G1), donde Manyuz (Run Away and Hide) venció de punta a punta. Lejos de quedar condicionado por aquel fracaso, respondió ganando el Jockey Club del Perú (G1), la gran conquista que todavía faltaba en su palmarés.

Una dolencia en los cascos volvió a detenerlo durante cerca de tres meses, pero reapareció con una victoria por 3 1/2 cuerpos en el Hipódromo de Monterrico (G2). Más tarde protagonizó otro match, esta vez ante El Virrey (Southdale), al que terminó superando por impresionantes 15 1/2 cuerpos en el Mariano Ignacio Prado (G3).

Lo mejor, sin embargo, todavía estaba por llegar. A los seis años, Gluck completó en 2025 la temporada más extraordinaria de su campaña: disputó 9 carreras de grupo y ganó 8. Se impuso en el Ciudad de Lima (G2), La Copa (G2), el Independencia (G2), el Alfredo Benavides y Alfredo Benavides Diez Canseco (G3), el Mariano Ignacio Prado (G3), el Asociación de Propietarios (G3), el Comercio (G3) y, por tercera temporada consecutiva, el Hipódromo de Monterrico (G2).

Sus dos últimas conquistas de aquel año fueron en carreras reducidas a match. Primero dejó atrás por casi siete cuerpos a Dvorak (Editorial) en el Comercio y luego superó por 6 1/2 a Opus (Al Qasr) en el Hipódromo de Monterrico, aquella tarde en la que Miguel Vilcarima perdió la fusta y utilizó sus lentes para exigirlo. Sus tres victorias consecutivas en esa prueba llegaron con tres jockeys diferentes: Edwin Talaverano, Carlos Javier Herrera y Vilcarima. Distintos pilotos y un mismo resultado, la mejor medida de la categoría del caballo.

Además de Paradigma, Manyuz fue el otro gran adversario de su historia. Sus enfrentamientos marcaron durante años la división de fondo, con desarrollos y resultados cambiantes. Gluck llegó a vencerlo por media cabeza en el Ciudad de Lima, mientras que el puntero también tuvo tardes en las que consiguió imponer sus condiciones. Ya veteranos, ambos siguieron enfrentando a generaciones más jóvenes y sosteniendo una vigencia admirable.

Después de aquel 2025 casi perfecto, comenzaron a aparecer algunas señales. Gluck quedó fuera del marcador en el Jockey Club del Perú (G1), corriendo de cerca un ritmo violentísimo, y tampoco pudo mostrar su mejor versión en el Independencia (G2). Magic Power (Power World) lo derrotó luego en el Asociación de Criadores, sin que entonces se supiera que aquella sería su despedida.

Detrás de esas actuaciones estaba el problema físico que terminó aconsejando su retiro. Intentar recuperar una vez más al Gluck de sus mejores tardes significaba pedirle demasiado a un caballo que ya había superado enfermedades, lesiones y varias interrupciones.

Quedarán sus títulos de Caballo del Año, el Jockey Club del Perú, sus tres Ciudad de Lima, los tres Hipódromo de Monterrico consecutivos, los triunfos en tres de sus cuatro match y aquel formidable 2025. Pero sus números cuentan apenas una parte.

Gluck fue, sobre todas las cosas, un caballo capaz de regresar. Volvió de una enfermedad que puso en peligro su vida, volvió después de sus problemas en los cascos, volvió tras fracasar en el Latino y siguió ganando cuando muchos integrantes de su generación ya habían desaparecido de escena.

Los buenos caballos dejan estadísticas. Los grandes dejan recuerdos. Y Gluck será siempre aquel enorme alazán cariblanco del Santa Rosa que, durante muchos años, obligó a todos los que pretendían reinar entre los fondistas de Monterrico a pasar primero por él.

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