Julio César Méndez y el final de una trayectoria inolvidable
- Turf Diario

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A los 55 años, el jockey uruguayo correrá este domingo en Maroñas por última vez y le pondrá fin a una carrera con brillo en ambas orillas del Río de la Plata

Por Diego H. Mitagstein
Después de cuatro décadas de carrera, este domingo el jockey uruguayo Julio César Méndez le pondrá punto final a una trayectoria formidable, que lo vio brillar en ambos márgenes del Río de la Plata. A los 55 años, el profesional nacido en Melo, cariñosamente apodado El Príncipe, dirá adiós ante su público.
El Bomba (Trinniberg), en la octava carrera del domingo en el Hipódromo Nacional de Maroñas, marcará el final de su carrera profesional, pero también el de una época. Humilde, conocedor como pocos del métier, sin él no será lo mismo en el cuarto de jockeys. Algo faltará.
“Llegó la hora. Estaba corriendo y montando poco, los kilos empezaban a costarme algo y creo que es el momento de retirarme. Lo hablamos con la familia, porque lo venía pensando, y llegamos a la conclusión de que era lo mejor. Me voy a despedir corriendo y ante mi público, ¿qué más puedo pedir? La vida no se trata nada más que de ser jockey”, cuenta Julio a Turf Diario, emocionado, sentido, minutos antes de salir a trotar para mantenerse en forma de cara a su último compromiso.
El otro gran látigo charrúa de una época marcada por el dominio del irrepetible Pablo Falero, Méndez empezó a sacarle lustre a su habilidad en Maroñas para luego hacerse grande en la Argentina, hacia donde viajó en 1996. Fue un antes y un después.
Julio no solo construyó prestigio por su talento y su frialdad para resolver carreras, sino también por su don de gente y por el trabajo arduo de cada mañana, una marca registrada durante toda su trayectoria.
“Es una vida acá, en el hipódromo. Le di todo a la actividad y a mi profesión, y el turf me dio todo a mí. Conocí lugares inimaginables, gente increíble... Solo tengo palabras de agradecimiento para todos, sin hacer nombres propios. Aquí en Uruguay, porque siempre hicieron fuerza por mí, al igual que en Argentina, donde pasé años inolvidables”.
De este lado del Río de la Plata, la campaña de Méndez fue impactante. Según los datos del Stud Book Argentino, ganó 1423 de las 10.675 carreras que disputó, con 164 éxitos clásicos, 122 de grupo y nada menos que 37 de G1.
El inolvidable Latency (Slew Gin Fizz), Storm Mayor (Bernstein), Urquell (Roy), Hollín (Roy), Miss Match (Indygo Shiner), Miss Loren (Numerous), Don Misil (Mutakddim), Lord Card (Lord Hailey) y Oh Take (Brz-Latin American) fueron apenas algunos de los grandes caballos que lo tuvieron como socio en victorias del máximo nivel.
Ganó dos veces el Gran Premio Carlos Pellegrini (G1) y otras tantas el Gran Premio Jockey Club (G1). Con Urquell, Mi Amiguito (Indygo Shiner) y Don Valiente (Orpen) conquistó la Polla de Potrillos (G1), mientras que con Latency, en 2006, se dio uno de los gustos más grandes de todos: quedarse con el Gran Premio Latinoamericano (G1) en Maroñas, su casa.
En 2012 volvió a Montevideo para continuar allí una campaña que ahora llega a su final. Según las estadísticas del colega Germán Boiso, desde la reapertura de Maroñas en 2003 consiguió 633 victorias en el viejo circo de Ituzaingó, 112 de ellas en el terreno clásico. Aquello de jockey clásico encuentra un contundente respaldo en los números.
“Conseguí todo lo que soñaba, cuando muchos de esos logros quedaban tan lejos en el comienzo. Estoy orgulloso, no anduve tan mal (risas)... Quedo conforme conmigo, tranquilo. Fui siempre un luchador, dando todo y peleando desde abajo. Era difícil sobresalir en ese momento y puedo decir que lo conseguí”, resume Julio, con la voz quebrada por una emoción que se acentúa ante cada mensaje o llamada que recibe.
Confiesa Méndez que no quería hacer demasiado ruido alrededor de su despedida, pero su familia compartió la noticia en las redes sociales y todo explotó.
“Es una enorme felicidad todo este reconocimiento, una caricia en un momento difícil”.
¿Y después? Todavía no hay certezas, aunque alejarse completamente de los caballos parece imposible.
“No sé todavía cómo seguirá la historia. Miro la cuida, pero está bravo, aunque es una posibilidad. Habrá que ver lo que aparezca. Me están buscando mucho para el raid, y es algo que vengo haciendo, que me gusta y me mantiene ligado con el caballo, así que trataré de competir. Pero bueno, ya veré de qué forma me acomodo mejor. Algo haré”.
Con el retiro de Julio César Méndez termina una etapa inolvidable. Se va un profesional intachable, que supo codearse con los mejores y que, como él mismo reconoce, consiguió prácticamente todo aquello con lo que alguna vez soñó.
Aunque en los últimos tiempos venía corriendo poco, imaginar las carreras sin su nombre provoca una inevitable sensación de nostalgia. Es otra señal del final de una época dorada, la de aquellos jockeys distintos, de los que quedan apenas algunos exponentes en Sudamérica, también empezando a disparar sus últimos cartuchos.
Julio, El Príncipe, el jockey clásico, se va como corresponde: corriendo, ante su gente y por la puerta grande.
Como una trayectoria semejante lo merecía.
Y vaya si se lo va a extrañar...





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