"Que mi última victoria fuera en un G1 es mucho más de lo que podría haber imaginado"
- Turf Diario

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Lanfranco Dettori culminó su formidable trayectoria y su gira sudamericana este domingo en Gávea, dejando su estela de carisma

Por Diego H. Mitagstein (Enviado especial de Turf Diario a Río de Janeiro)
RÍO DE JANEIRO, Brasil (De un enviado especial).- "Lo hicimos, ya está", le susurró Catherine a Frankie cuando se encontraron el domingo por la noche en Gávea, después de que el formidable italiano culminara el último día de su vida como jockey profesional.
Los Dettori se fundieron en un abrazo que emocionó, que enmarcó el fin de una era para el turf mundial, tras una tarde que lo tuvo todo, que encendió Gávea como hacía mucho tiempo no sucedía y que tuvo una repercusión mundial fantástica, gracias también al enorme trabajo del equipo del Jockey Club Brasileiro que, al igual que el de Maroñas, supo entender la trascendencia del evento, lo que significaba; su condición de único e irrepetible.
Decir que Lanfranco fue el mejor jockey del mundo en los últimos 40 años será materia de debate. Para muchos, lo habrá sido; para otros, quizás no. Pero lo que nadie podrá negar es que ese italiano de carácter bravo, de una personalidad para amarla u odiarla, cambió el deporte de las carreras de caballos para siempre.
"A mí me gusta experimentar, vivir, disfrutar, sentir. No era de esos jockeys que solo iban del hipódromo a la casa; si tenía 2 días sin correr me iba a algún lado; si me invitaban a otro país y podía hacerlo, viajaba. Por ejemplo: todo el mundo odia los aeropuertos, y yo los amo; para mí, estar ahí significa ir hacia algo diferente", explica Dettori.
Inquieto, imparable cuando pone quinta, su paso por Río de Janeiro fue inolvidable. "Lo que vivimos con él será un antes y un después para nuestro turf. ¡La gente que había en el hipódromo! Y, encima, tuvimos la suerte de que pudiera ganar 2 carreras en nuestra casa, de hacerlo sentir cómodo. Realmente, no podíamos pedir más", resumió Raúl Lima, Presidente del Jockey Club Brasileiro y de la OSAF, y principal culpable de todo lo vivido aquí.
El paso de Dettori por la Cidade Maravilhosa dejó mil anécdotas, porque él es un torbellino. Relajado, distendido, feliz, vivió cada segundo a pleno, no solo a la par de Catherine, su compañera de toda la vida, sino también de Ron Anderson, su histórico agente y que viajó especialmente junto a su esposa; y hasta Oisin Murphy, su amigo, que no quiso perderse el adiós.
En el cuarto de jockeys fue un incesante trajinar de fotos y videos con colegas, empleados, propietarios, entrenadores, público, chicos... Nadie quiso quedarse afuera la oportunidad del recuerdo.
Bromeó, sonrió... Y después de ganar el Grande Premio Estado do Río de Janeiro (G1) con Bet You Can (Can the Man), hasta se animó a decir: "¿Cuando es la próxima carrera de la Triple Corona? Me parece que voy a atrasar mi retiro unos días". La carcajada fue general.
Pocos lo advirtieron, pero Dettori no estuvo en la quinta monta que estaba prevista. Salió a la pista, fue hasta las gateras y allí decidió no competir. Se había largado un diluvio y su caballo estaba muy nervioso, tant que lo desmontó. A. Souza tomó su lugar, momentos después de que, en algo nunca visto, todos los jinetes que competían en esa prueba se bajaran de sus ejemplares para hacer una ronda y lanzarlo varias veces al aire. Pocos se dieron cuenta, pero todo eso pasó.
"El Cristo me miró y me dijo: ya está. Y le hice caso. Ya había dado todo", confesó al cronista luego.
Después de las carreras, fue especialmente invitado al Sambódromo para los entrenamientos previos al Carnaval, y allí fue. Llegó, salió a la cancha (en Brasil hasta cancha de samba hay, ¡una locura!)y bailó con la escola Grande Río; quedó fascinado.
En la camioneta de regreso al hotel, reflexivo, lanzó: "Todavía no puedo creer que mi última victoria haya sido en un G1. Es mucho más de lo que hubiera imaginado. Esta gira fue maravillosa, de lo mejor que me pasó en mi vida. Fue el final perfecto".
San Isidro, Maroñas y Gávea saludaron al hombre que lo cambió todo. También al hombre que se equivocó muchas veces, y siempre fue el primero en reconocerlo. Al hombre que hizo magia encima de un SPC como pocos en la historia.
Lanfranco Dettori se retiró, ahora sí, para siempre. Y eligió Sudamérica para ese último adios. Para disfrutar del calor de su gente, de lo hermoso de sus paisajes y del sabor de sus comidas. Para hacer amiguos nuevos y visitar a otros ya conocidos, dejando una estela y momentos que esta parte del mundo guardará por siempre en el corazón.





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