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John Shirreffs, el recuerdo inolvidable para un señor entrenador

  • Foto del escritor: Turf Diario
    Turf Diario
  • hace 10 horas
  • 3 Min. de lectura

El hombre que construyó la campaña de la inolvidable Zenyatta y que ganó el Kentucky Derby con Giacomo, falleció este jueves a los 80 años


John Shirreffs, Héctor Berríos y todo sonrisas tras uno de los triunfos de Baeza / BENOIT PHOTO
John Shirreffs, Héctor Berríos y todo sonrisas tras uno de los triunfos de Baeza / BENOIT PHOTO

CALIFORNIA, Estados Unidos (Especial para Turf Diario).- El turf mundial amaneció este jueves con una noticia que duele hondo. A los 80 años, falleció en su casa de Arcadia, California, John Shirreffs, el entrenador que llevó a la inolvidable Zenyatta (Street Cry) al Salón de la Fama y que sorprendió al mundo con Giacomo (Holy Bull) en el Kentucky Derby (G1) de 2005. Se fue mientras dormía, en silencio, como vivió buena parte de su extraordinaria trayectoria: lejos del ruido, cerca de los caballos.

“La industria perdió a un gran hombre y yo perdí a un gran amigo”, resumió con la voz quebrada Mike Smith, el jinete que lo acompañó en sus conquistas más resonantes. Y en esas pocas palabras acaso esté la dimensión exacta de lo que representó Shirreffs: un profesional brillante, pero sobre todo un ser humano íntegro.

Dueño de una caballeriza de tamaño mediano en Santa Anita Park, nunca fue un entrenador de estructuras descomunales. No necesitó de números estridentes para construir un legado que habla por sí solo: 596 victorias y más de 58 millones de dólares en premios. Sin embargo, más allá de las cifras, su marca quedó grabada en el respeto que generaba su forma de trabajar. Paciente, meticuloso, obsesivamente atento al bienestar de cada ejemplar, compartía cada jornada con su esposa, Dottie Ingordo-Shirreffs, en un esquema casi familiar.

“Creo que la amabilidad es la clave con los caballos”, había dicho meses atrás. “Es bueno hablarles, pedirles a los jinetes y a los cuidadores que les hablen. Siempre están aprendiendo de su entorno; si interactúan más, serán más felices y exitosos”. No era una frase de ocasión: era su filosofía.

Nacido el 1 de junio de 1945 en Fort Leavenworth, Kansas, criado entre Nueva York y el campo familiar en New Hampshire, veterano del Cuerpo de Marines en Vietnam, comenzó a entrenar en los años 70. El gran impulso llegó en la década del 90, cuando asumió como preparador privado de 505 Farms. Desde entonces, su nombre empezó a resonar con fuerza en la costa oeste.

Pero su historia quedará inevitablemente ligada a Zenyatta. Con su atropellada demoledora, la yegua ganó 19 carreras consecutivas antes de caer ajustadamente ante Blame (Arch) en el Breeders’ Cup Classic (G1) de 2010. En 2009 se convirtió en la única hembra en ganar esa prueba y fue elegida Caballo del Año en 2010. Shirreffs la llevó con una paciencia infinita, sin apuros, construyendo una campaña que trascendió el deporte y acercó nuevos fanáticos a las tribunas.

“Jamás apuraba un caballo”, recordaba Smith. “Les daba tiempo. Y cuando los tenía bien, se mantenían bien mucho tiempo. A veces incluso mejoraban”. Esa misma mirada fue la que permitió que Giacomo, a 50-1, diera el golpe en Churchill Downs en 2005, en el primer Derby que corría su entrenador.

En años recientes volvió a demostrar vigencia con Baeza (McKinzie), tercero en el Derby y luego protagonista en el Belmont (G1) y el Pennsylvania Derby (G1). Incluso su último triunfo clásico llegó el 31 de enero, cuando Westwood se impuso en el San Pasqual Stakes (G2). Hasta el final, trabajó con la misma pasión.

Reservado ante los micrófonos, muchas veces había que apurarlo para obtener una declaración antes de que regresara junto a su caballo al establo. Allí, en la intimidad del barn, sí se permitía largas charlas, reflexivas y profundas.

Santa Anita lo despidió recordando que cada caballo que corre allí pasa frente a la estatua de Zenyatta, símbolo de una obra maestra que marcó los 90 años del hipódromo.

Se fue un entrenador notable. Se fue, sobre todo, un hombre leal, querido por su gente y fiel a sus principios. En un deporte que tantas veces corre detrás del resultado inmediato, John Shirreffs eligió siempre otro camino: el de la paciencia, el respeto y la convicción. Y esa, quizá, haya sido su mayor victoria.


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